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Cómo las organizaciones pueden colaborar para un 2020 menos hostil

Aline Castro

Especialista en gestión pública en el poder judicial

Fundação Getúlio Vargas

Periodista, con máster en comunicación institucional por la Universidad Metodista de Sao Paulo y especialista en gestión pública del Poder Judiciario por la Fundação Getúlio Vargas. Desde 2009, ocupa el cargo de directora de Comunicación Social en la Tribuna Regional de Trabajo de Sao Paulo (TRT2). Es vicepresidente del Fórum Nacional de Comunicación y Justicia (FNCJ) y coordinadora regional de la Asociación Brasileña de Comunicación Pública (ABCPública) en Sao Paulo-SP, además de curadora de contenido en el Congreso Brasileño de Comunicación de Sistema de Justicia (Conbrascom). También actúa como instructora de cursos de comunicación organizacional, comunicación no violenta aplicada en el universo corporativo y entrenamiento de medios. Ella comparte experiencias en su perfil de Instagram @alinecastrocomunica.

Acaba de comenzar el dos mil veinte y ya se puede observar en el horizonte cómo se aproxima el ejército de la intolerancia y la comunicación violenta, armado de tweets afilados y textos-granada fraudulentos que provienen de los smartphones.

Es un año electoral. Las previsiones apuntan a una cultura en internet tóxica, en conjunto con el fenómeno global de rajadura entre polos opuestos, en sintonía con el movimiento retrógrado de cierto planetita llamado Tierra.

Será inevitable: los discursos rabiosos y las fake news (el contenido anónimo y falso creado para engañar a los votantes y no a las noticias de prensa que, por desagrado a los grupos políticos, son así calificados) van a estar en el mapa astral de por lo menos 79% de los brasileños que usan WhatsApp como principal fuente de información a diario.

Ellas, por supuesto, van a venir acompañadas de rupturas entre tíos y sobrinos, disputas entre colegas de trabajo y muchos conflictos entre gente que se quiere, pero que es capaz de destruir amistades solo porque no soportan leer comentarios diferentes a aquellos que les parecen ser correctos.

Sin embargo, incluso en ese mundo con visiones tan asimétricas, hay un tema en consenso: este escenario no es bueno para nadie. Entonces, ¿cómo pueden las organizaciones públicas y privadas colaborar por un 2020 un poco menos ajetreado?

Electa como temática del año por Aberje – Associação Brasileira de Comunicação Empresarial, la Comunicación No Violenta (CNV) es, para mí, aquel tipo de técnica “game-changer”. Creada por el psicólogo americano Marshal Rosenberg, nos enseña a expresar nuestro punto de vista de una forma asertiva y afectiva al mismo tiempo. También nos ayuda a comprender puntos de vista contrarios al nuestro con respeto y sutilidad.

El enfoque de Rosenberg y de la mayor parte de la literatura del área es la comunicación interpersonal. Es un hecho que las organizaciones que realicen ese tipo de entrenamiento para sus empleados cosecharán buenos frutos con ambientes de trabajo más armoniosos y líderes mejor capacitados para manejar conflictos.

Aún así, la CNV puede ir más allá de la esfera del comportamiento e ingresar en acciones de comunicación corporativa en instituciones. Comenzando por la creación de contenido consciente (de esos que están menos preocupados por los likes y más con hacer una diferencia para el receptor), pasando por la interacción empática y auténtica con los públicos y culminando con estrategias y campañas que dejen el modo imperativo y cambien para la construcción conjunta y plural de significados.

En tiempos de tanta hostilidad digital, depende de las organizaciones ofrecer un antídoto a sus clientes y empleados. Es posible hacer eso con pequeños cambios de enfoque en la comunicación del día a día. Ejemplos: en vez de idealizar acciones “en combate” o “en contra” determinado asunto, cámbialo por lo que se quiere aumentar o impulsar. En lugar de un contenido que destaque lo que está haciendo la institución, reemplaza la óptica con lo que el público está ganando. La comunicación empresarial puede convertirse en el difusor de pequeñas semillas de empatía y positividad. Un camino para eso es dejarse guiar por la metodología de la CNV, que permite ver, con el menor juicio posible, las necesidades de las audiencias y ofrecerles una escucha genuina al igual que discursos que acojan, agreguen y hacen crecer.

Al adoptar discursos que destruyen positivamente los feeds y las noticias que vemos por ahí y que sean pautados por un conocimiento más profundo de sí mismas y de sus interlocutores, las organizaciones pueden dar ejemplos valiosos y colaborar con un 2020 con pasajes más armoniosos en nuestra sociedad, incluso entre habitantes de mundos tan geométricamente diferentes.