GANADORES PREMIOS FUNDACOM 2018

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Comunicar desde y para las instituciones

Luis Izquierdo Labella

Director de Comunicación

Gabinete de la Presidencia del Congreso de los Diputados de España

Luis Izquierdo Labella es Doctor en Periodismo por la Universidad Complutense y en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, es el director de Comunicación en el gabinete de la Presidencia del Congreso de los Diputados de España. Antes fue corresponsal parlamentario del diario La Vanguardia, en cuya delegación de Madrid trabajó durante 17 años. Presidió la Asociación de Periodistas Parlamentarios dos mandatos consecutivos. Más recientemente ha sido director de Comunicación del Ministerio de Fomento. También ha ejercido como profesor asociado en la Universidad Carlos III durante nueve años y es autor de cuatro libros y varios artículos en revistas científicas del ámbito de la comunicación. Acaba de publicar un amplio trabajo sobre todos los debates del Estado de la Nación celebrados hasta el año 2011.


El mundo de la comunicación en el que convivimos quienes estamos vinculados a los motivos fundacionales de Fundacom se está convirtiendo cada día que pasa en un poco más complejo. Los terráqueos del siglo XXI comunicamos cada vez un mayor volumen de contenido a través de un mayor número de canales y, por si fuera poco, en constante aceleración. Basta hacer scroll en la portada de un diario digital para constatar que la oferta informativa desborda con mucho la capacidad humana de retener ítems comunicativos (identificar todo lo que aparece en las webs con el concepto de noticia es cada día que pasa un error más grave).

Ante la creciente avalancha de información, es asumible que cada vez encontremos más gente que confiesa no tener ningún interés en seguir la actualidad informativa, concebida ésta en términos muy amplios. No son pocos los que, de esta forma, admiten estar huyendo del colapso de mensajes al que se ven sometidos cotidianamente y, ante la pregunta de cómo se informan, algunos incluso ofrecen respuestas tan poco consistentes como que lo hacen a través de una red social de contenido fundamentalmente fotográfico. La creciente disgregación del acceso a los contenidos tanto informativos como de ocio es tan evidente como que la crisis de los medios de comunicación convencionales sigue sin atisbar un desenlace.

No es extraño por ello que las empresas hagan cada vez un mayor esfuerzo multicanal por comunicar más y mejor con unas audiencias que cada día son más heterogéneas y están más compartimentadas. Es un elemento indispensable del más elemental instinto de supervivencia que las empresas se apliquen a fondo en utilizar las últimas herramientas disponibles para llegar a todos ellos y para anticiparse ante cualquier indicio de crisis reputacional por pequeña que ésta sea. Es fácil de entender en este contexto que los departamentos de comunicación corporativa estén adquiriendo un mayor tamaño y generando secciones o servicios externos impensables hace tan sólo unos años.

También desde las instituciones de naturaleza política se está haciendo un esfuerzo por comunicar. Con menos cintura para adaptarse a los nuevos canales o a las mutantes formas de relacionarse –en la Administración la normativa hace prevalecer las garantías jurídicas en la contratación sobre la agilidad de los plazos-, las instituciones trabajan en el complejo magma descrito unas líneas más atrás por dar a conocer su papel y la actividad que desarrollan. En muchos casos la tarea es doblemente compleja, pues a las limitaciones que impone la naturaleza pública que está en su origen se suma la contaminación (entendiéndose tal como mensajes negativos sobre el rival) que envuelve la pugna política inherente a su funcionamiento.
Dando por sentado que el debate y el intercambio de opiniones y propuestas están en la esencia de las propias instituciones políticas, es hora de comenzar a lanzar el mensaje de que cada día se hace más necesario que la orientación de la comunicación de las instituciones discurra al margen del rifi-rafe cotidiano. Es preciso que todos los actores políticos compartan que las instituciones precisan de un plan y una estrategia de comunicación propios y que sus servicios de prensa y relaciones externas trabajen de forma continuada por dar a conocer el valor de la institución. Porque las instituciones son fundamentalmente puntos de encuentro que hemos construido entre todos y que juntos debemos preservar en beneficio colectivo, independientemente de quién las ocupe en función de los resultados electorales.

El deterioro en la imagen de esos puntos de encuentro y debate no perjudica únicamente a quienes, coyunturalmente, ejercen el gobierno de las instituciones o de la administración, sino que deteriora el capital colectivo del conjunto de la sociedad.

Y por eso es preciso que sea el conjunto de la sociedad el que reclame a quienes ocupan las instituciones que trabajen por generar un clima de colaboración en líneas tan esenciales como la defensa de nuestros lugares de encuentro. Aportar valor a las instituciones mejorando la imagen que de ellas tienen los ciudadanos dará valor a la propia esencia de la política.
La única forma de hacerlo bien es poniendo su implementación en manos de profesionales. Expertos que sepan diseñar un plan estratégico con el que combatir la corriente contraria, habitualmente más poderosa, pues de todos es sabido que es infinitamente más fácil destruir que construir una identidad pública.

Conseguirlo no va a ser sencillo, porque la comunicación es un mundo difícil que la evolución de la tecnología está haciendo mucho más complicado. Pero desde las instituciones no podemos ni queremos renunciar a seguir comunicando sobre su importancia y su valor para el conjunto de la sociedad.

 

Luis Izquierdo Labella
Director de Comunicación del gabinete de la Presidencia del Congreso de España

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