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Italo Pizzolante Negrón

De la dictadura de los algoritmos a la revolución de la transparencia

Italo Pizzolante Negrón

Académico y Consultor internacional en Estrategia y Comunicación. Autor de numerosas publicaciones en Iberoamérica.

Ingeniero, con Máster en Comunicación Política de la Universidad Autónoma de Barcelona y Doctorado en Comunicación Organizacional, en la Universidad Jaume I, Castellón, ambos en España.

Con más de 40 años de experiencia en el área de Estrategia y Comunicación Empresarial pública y privada, es socio fundador (1976) de la firma PIZZOLANTE, firma internacional de consultoría en Estrategia y Comunicación empresarial. Fue comentarista de CNN En español y conductor de programas de televisión. Su firma es ganadora de reconocimientos nacionales e internacionales.

Escribe regularmente en la Revista FORBES y es autor de más de una docena de libros editados en diferentes países de Iberoamérica.

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@ipizzolante


Para muchos, la verdad se fundamenta en la percepción individual que, deformada por las redes sociales, les hace creer que es una “verdad colectiva”. Esta realidad desafiante y autista es en gran medida obra de los algoritmos, herramientas tecnológicas de inteligencia artificial que refuerzan tendencias de opinión al buscar, favorecer y recordar solo aquella información que confirma nuestras propias creencias, y que generan la ilusión de que “todo el mundo” comparte nuestras ideas porque las informaciones que nos llegan nos dan la razón.

Esta reflexión inicial la titulé “la dictadura de los algoritmos” porque son los algoritmos los que eligen lo que “nos gusta” y los que evitan el encuentro con aquello que es diferente e inesperado. La activista digital guatemalteca Renata Ávila del World Wide Web Foundation ya sostenía que la “Internet llega a ti mediante un algoritmo, no eres tú el que vas a buscar algo a Internet”. Si Facebook te filtra la información -dicen los críticos- solo te muestra una visión de los hechos y te radicalizas. Las consecuencias ya son cuantificables. De acuerdo con el Trust Barometer de Edelman 2017, el 52% de la población mundial reconoce que nunca, o muy pocas veces, cambia su opinión sobre los problemas sociales importantes. Además, el 53% reconoce que no escucha regularmente a personas u organizaciones con las que no está de acuerdo. Esta nueva ingeniería social gestionada por el algoritmo dictador deja una elasticidad menor al 50% en el mercado de la opinión pública para generar renovadas reflexiones que abran espacios para escuchar a otros que piensan diferente.

Líder dictador de un ejército de información que procesa y que alinea con nuestros propios intereses, el algoritmo se nutre de data alojada en millones de servidores para ofrecernos una experiencia de navegación “inteligente”. Prediciendo el comportamiento de cada usuario, los algoritmos influyen en los motores de búsqueda y diseñan nuestra ruta de navegación antes de que pisemos el botón “buscar”. De esta manera, cercenan nuestra posibilidad de construir un criterio amplio, propio e incluyente que tome en cuenta diversos puntos de vista y nos permita fijar posiciones responsables, suficientemente informadas. Algoritmos que, simultáneamente, refuerzan el llamado “sesgo de confirmación” y que genera la ilusión de que “todo el mundo” comparte nuestras ideas porque las informaciones que nos llegan nos dan la razón.

También hay mucho que agradecerle al algoritmo. Al fin y al cabo, dedicamos largas horas contándoles sobre nosotros mismos, lo que le permite consentirnos ofreciendo solo aquella información que nos interesa y brindarnos recomendaciones personalizadas a partir de nuestra propia historia, gustos y emociones. Pero también genera ecosistemas cerrados de historias que nos hacen convivir, a veces sin saberlo, en una cámara de eco que refuerza prejuicios, polariza y desincentiva el pensamiento crítico. Comunicar en un salón de espejos que excluye el reflejo de puntos de vista diferentes, y que no deja ver en contexto nuestras propias posiciones, resulta peligroso. Si todos creemos que pensamos igual, corremos el riesgo de equivocarnos en las mismas cosas.

Pero como toda “dictadura”, ella misma genera revoluciones sociales para derrocarlas. El régimen dictatorial del algoritmo estuvo firme hasta el 2017 porque la confianza estaba liderada por el ciudadano común: gente “normal” como tú y como yo. Habiendo bajado 3 puntos desde el 2016 según el estudio de Edelman, el ciudadano común era la primera fuente de información confiable a nivel global. En segundo y tercer lugar estaban los técnicos expertos y los académicos. Lejos los medios de comunicación y la empresa.

Lo primero que suele suceder son las conspiraciones internas por las diferentes opiniones sobre la forma de gerenciar el modelo de gobierno para satisfacer las expectativas ciudadanas. El polémico Sean Parker, primer presidente de Facebook, se arrepintió de haberla impulsado y disparó contra la red social al afirmar que “explora la vulnerabilidad humana”. Por su parte, Chamath Palihapitya, también ex ejecutivo de la tecnológica, lamentó haber participado en la construcción de herramientas que destruyen el tejido social. “Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, afirmó.  En febrero, El País publicó “Rebelión contra las redes sociales” describiendo a “FakeBook” como “manipuladora de la atención, vehículo de noticias basura y oligopolio sin control”.  El fake news, o la mentira, generó revoluciones silenciosas en el governance de las empresas tecnológicas. Los pioneros de Google y Facebook reniegan de su creación y avocan por “humanizar la tecnología y repensar su uso y abuso”.  Hace solo semanas estas redes sociales han hechos cambios significativos en sus algoritmos.

Hay una resignificación en el imaginario colectivo de aquello que leemos producto de los algoritmos y que no es siempre la “verdad colectiva” sino la percepción de una opinión individual que se cree que es de la mayoría. Pero el daño ya está hecho e hizo una herida profunda en la confianza que ganábamos históricamente la “gente normal”. Este año en el Foro de Davos, George Soros abrió fuego en la WEF desde la artillería de la revolución: “Facebook y Google amenazan a la sociedad y a las democracias” y las primeras víctimas somos nosotros mismos por la manera que usamos las redes sociales. El Trust Barometer de Edelman 2018, refleja una baja de 6 puntos en la confianza cuando compartimos nuestra opinión, habiendo sido desplazados a la tercera posición, que ahora es liderada solo por los expertos técnicos y luego los académicos. Si analizamos esto en detalle, y tomo como referencia a España por la similitud sociocultural, la caída de la confianza del ciudadano común es más del doble del promedio mundial (13 puntos). Esto dibuja el desafío de reinterpretar una nueva consciencia colectiva al definir quién dice la verdad, donde nadie tiene el monopolio de la razón, ni la exclusividad de la mentira.

“nadie tiene el monopolio de la razón, ni la exclusividad de la mentira”.

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