La atención en la era de la distracción

Berto Pena

Conferenciante

Thinking Heads

Berto Pena, experto en productividad personal, organización y gestión de tiempo y conferenciante de Thinking Heads.

Considerado el referente en formación de productividad y gestión personal, comparte su experiencia para ayudar a otros profesionales y empresas a trabajar de forma inteligente. Emprendedor en más de 20 proyectos, manager de equipos en tres continentes y profesor colaborador de Executive Education en ESADE Business School, imparte clases de productividad personal y entrena a directivos a organizarse mejor. Actualmente se dedica en exclusiva a la divulgación y formación de hábitos productivos en la empresa. Su objetivo es poner un granito de arena para que las personas tengan una vida sin tener que luchar contra el tiempo. En 2009 publicó su primer libro de gestión personal titulado Gestiona mejor tu vida.

Hace poco me preguntaban en una entrevista sobre qué rasgo valoraba más en un profesional actualmente. Y mi respuesta fue rápida: la capacidad de Atención. Cada vez estoy más convencido de las palabras del profesor y divulgador Gregorio Luri, quien defiende que «el nuevo coeficiente intelectual es la Atención».

En un mundo donde los chequeos y las distracciones mandan sobre lo que estoy haciendo, donde trabajar en equipo es sinónimo de «te interrumpo cuando me viene bien», donde una notificación es más importante que la persona que tengo delante, y donde la multitarea se pondera como algo positivo, que una persona sepa centrarse en lo que está haciendo, cada vez cuenta más. Mucho más.

Porque la atención primero, y la concentración después, no solo atañe a estar aquí y ahora, totalmente consciente y presente, sino que es la manera de que yo aproveche al máximo el tiempo que tengo, y que haga las cosas de manera extraordinaria. Todo lo bueno que tienes y eres está ahí contigo, pero es la Atención quien, como si se tratara de un pegamento especial, lo compacta todo y lo concentra en un solo punto: una tarea, una persona, una reunión, una negociación, un rato de descanso, una charla con un familiar, la lectura de un libro, una puesta de sol…

Cuando hace ya más de quince años me acerqué por primera vez a la productividad personal, yo entonces era un «enfermo del tiempo». De esas personas que se quejaba de que no llegaban las horas del día. Y tenía Tiempo, sin duda, y de sobra, solo que no sabía gestionarlo. Años después, además de ese tipo de enfermo, que sigue habiendo, tenemos al enfermo de la Atención. Sus principales síntomas son: la incapacidad para estar en lo que está durante un cierto tiempo, chequear impulsivamente mensajes y buzones, parar constantemente lo que está haciendo ante cualquier notificación, e intentar hacer varias cosas a la vez en vez de centrarse en una sola tarea.

La capacidad de una persona (de un profesional) de estar aquí y ahora, centrado y «enchufado» a lo que hace se está perdiendo a marchas forzadas. Vivimos y trabajamos a tirones. Empiezo-paro-retomo-paro-reinicio-vuelvo a parar. Y así con una tarea y otra, un día y otro y otro. Por el camino quedan muchas cosas pero al final, la mayoría, lo reducen todo a la clásica y amarga queja de «no me llega el tiempo».

Y esa intermitencia a la que nos hemos sometido con las distracciones y la multitarea, tiene un precio cada vez mayor en el profesional y las empresas: el trabajo tiene menos calidad, se pone menos detalle, hay menos precisión y originalidad. Fíjate si no en tres de las consecuencias con las que vive el profesional distraído:

  • Las tareas de cada día se vuelven más complicadas, y a la vez se alargan más. Cada día la lista de tareas se hace mas cuesta arriba y más inabarcable, con lo que un día tras otro hay que dejar cosas para mañana porque «no me ha dado tiempo».
  • Mientras hace tareas donde en juego hay calidad o precisión, se le escapan detalles, puntos de mejora o ideas, e incluso llegar a cometer errores por la desatención casi constante. Eso le va volviendo, poco a poco, en un profesional mediocre y prescindible.
  • Trabaja además en estado de pre-alerta constante. Ya que si llega algún mensaje o notificación, sea lo que sea, tenga prioridad o no, salta instantáneamente a ello para atenderlo, dejando cada vez más cosas a medias que no le permiten avanzar en sus proyectos.

El problema por supuesto no es la Tecnología, que muchos tienden a demonizar al hablar de estas cosas. La culpa reside en nuestra grave falta de Hábitos para utilizarla bien. Las aplicaciones del móvil, la comunicación instantánea, la colaboración interactiva, el Correo mismo… todo ello es fantástico, pero con Hábitos. Sin reglas ni pautas de uso inteligente, no son más que armas de destrucción productiva.

Piensa por ejemplo en la última hora. ¿Cuántas veces has interrumpido una tarea o actividad que habías empezado por un correo, un mensaje o una notificación de cualquier app? Realmente, ¿quién manda sobre tu tiempo de trabajo? ¿Quién dicta lo que haces, lo que empiezas o si vas a poder terminar esto?

La gran mayoría de las personas responden que mandan las prioridades, los objetivos, los proyectos. «Lo importante», solemos decir. Esa es la teoría, porque en la vida real quienes mandan son las distracciones y las notificaciones. Fíjate qué paradoja: nunca en la Historia habíamos estado tan conectados, y nunca en la Historia habíamos estado tan desconectados… de lo que tenemos delante.

El nuevo coeficiente intelectual es la Atención. La Atención primero, y la Concentración después, es lo que hace que el resto de tus cosas funcionen. Todo lo que tienes y eres (estudios, conocimiento, experiencia, creatividad, análisis…), trabaja a pleno rendimiento y como un equipo cuando estás atento y concentrado. Y es algo que empieza a crear dos tipos de profesionales: los enfocados y los distraídos. Y esa distinción cada vez se agudizará más.

La capacidad de Atención es algo que se puede entrenar si tienes prioridades y quieres que sean prioritarias, si quieres tomar el control de tu trabajo, si quieres pilotar tu vida de forma diferente. Es una cuestión de hábitos personales.