GANADORES PREMIOS FUNDACOM 2018

Romero-Abreu

Más allá de la marca personal: el posicionamiento personal

Daniel Romero-Abreu

Fundador y Presidente

Thinking Heads

Daniel Romero-Abreu tiene más de quince años de experiencia en el posicionamiento estratégico de líderes como expertos en su sector. Ha desarrollado una metodología única que traspasa la barrera de la marca personal y sitúa a los clientes en referentes de divulgación y pensamiento en sus diferentes ámbitos profesionales, empresariales e institucionales. Esta metodología de posicionamiento es el resultado del asesoramiento a presidentes del gobierno, CEO, economistas, deportistas, escritores y pensadores y se basa en la identificación del talento y su potenciación a través de la identificación de audiencias estratégicas y canales, generando así un valor social desde el pensamiento y conocimiento. En 2015 se convirtió en el primer no anglosajón y el más joven presidente de la International Association of Speakers Bureaus (IASB). Es economista y abogado. Actualmente prepara el lanzamiento de su primer libro donde cuenta las claves del posicionamiento personal que lo han hecho experto en esta materia


“Nos centramos en definir la imagen que queremos que perciban de nosotros cuando lo importante es encontrar aquello en lo que podemos aportar algo de valor y lograr ser insustituibles”

Proliferan los vendedores de Marca Personal como vendedores del bálsamo de Fierabrás en tiempos de El Quijote. Sin embargo, la compra de la creación de una marca que te dé resplandor no es el remedio mágico a nuestros males. El concepto de Marca o Branding Personal, y todo lo que ello conlleva, está mal conceptualizado desde el origen, porque la marca debe ser la consecuencia de lo que uno es o vale profesionalmente, y no al revés. Por ello el primer paso antes de buscar qué colores son más bonitos para tu plataforma digital es identificar qué te hace útil, valioso y fiable. Y acto seguido ponerse a trabajar en una estrategia de posicionamiento personal de manera concienzuda.

Muchas personas no tienen tiempo o medios para realizar un análisis sobre cuál es el modelo de pensamiento que fundamenta su acción. Tampoco se paran a definir las líneas narrativas de lo que quieren transmitir con su proyecto. Y no dedican más de diez minutos a peinar las audiencias para buscar su público objetivo y comunicar más eficazmente. El resultado es que en vez de susurrar al oído de tu potencial cliente con un artículo o reflexión que le resulte sugerente, se bombardea a cañonazos a toda cabeza viviente que aflora en los perfiles de Twitter, Facebook o LinkedIn. Y se consigue exactamente el efecto contrario al buscado.

Si esto además se multiplica por un ejército de personas como tú, que están empeñadas en ser percibidas, el resultado es un canal de mensajes completamente colapsado del que todo el mundo quiere huir como de la peste. Por ello hay que invertir más tiempo en definir el contenido del mensaje y en la forma más apropiada de difundirlo que en darle al botón de “enviar”.

Estilo sobre sustancia

Cuando Tom Peters puso de moda el concepto Branding Personal en el artículo “The Brand called you”, ya señalaba esto: “En parte es una cuestión de sustancia: qué tienes que decir y lo bien que lo dices. Pero también es una cuestión de estilo”. Sin embargo, en la mayoría de los aspectos la marca personal se ha quedado en la segunda parte: una cuestión de imagen en la que el estilo prima sobre la sustancia. Quizá es un efecto perverso de la digitalización y las modas, pero no tiene por qué serlo.

Por definición, el desarrollo de una marca personal lleva implícito que lo que prima es la percepción que los demás tienen de ti. Es decir, tu imagen. Y esta imagen es, según mi experiencia, efímera porque se basa en algo exterior, ajeno a ti, que es la percepción de los demás. Y además, buscas que esas mismas personas que sólo conocen de ti una máscara te validen como persona.

Esta es la paradoja que se convierte en delirante a base de repetirse una y otra vez, tras cada intento fallido de conseguir el objetivo deseado. A continuación describo el pozo sin fondo en el que caen muchas personas que se lanzan a las redes sociales sin tener algo sólido que contar, tan solo un lema y un logo: “Como quiero tener más marca personal, me centro en mejorar mi imagen. Como necesito que me perciban, me meto en las redes sociales. Como en las redes sociales nadie escucha lo que digo, ya que a duras penas me he posicionado en un tema en el que tengo poco que aportar, me dedico como loco a seguir a gente esperando un follow back”. De esta forma empieza normalmente el proceso de trabajar tu marca personal sin un fondo que la sustente.

Precisamente en contra de todo este absurdo movimiento en pos de la imagen y del ruido yo promuevo un concepto más calmado, sosegado y completo de la marca personal que yo llamo el Posicionamiento Personal. Este posicionamiento surge de la respuesta a las preguntas “¿qué tengo yo que pueda aportar a los demás?”, “¿qué tengo yo que pueda aportar para que este mundo sea un sitio mejor?” “¿Por qué alguien debería dedicarme su tiempo y/o dinero?”

A quién puedo ayudar

Al final se trata de saber en qué puedes ayudar a los demás y cómo puedes ser aún mejor en aquello que tienes que aportar. El objetivo final por lo tanto es el otro, nunca uno mismo. La marca personal te vendrá atribuida por aquellos a quienes has ayudado con tu talento. Como en tantos otros casos, el posicionamiento personal se centra en el proceso y no en el resultado. Por eso no debes buscar la aprobación de los otros, sino la satisfacción personal, la autenticidad.

El tener un posicionamiento personal sostenido en el tiempo tiene consecuencias muy positivas para ti. En mis más de 15 años de experiencia en este campo en Thinking Heads, trabajar el posicionamiento personal de forma continuada ha tenido una doble consecuencia sobre la persona que lo practica: por un lado es un incremento de su notoriedad e influencia, y por otro lado ofrece la posibilidad de obtener una rentabilidad económica de ese conocimiento o elementos que te hacen único. Busca cuál es tu verdadera vocación, en qué eres realmente bueno, y dedícate a desarrollarlo. Lo demás llegará por sí solo.

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