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Motivar de los pies a la cabeza

Javier Hernández Aguirán

Doctor Honoris Causa y Diploma paralímpico

Londres 2012

“Sé el conductor de tu propia vida y llega así a tus destinos: sé diferente, sé tú mismo”

Tercera persona en toda Europa que obtiene el permiso oficial de conducir… ¡con los pies! Nacido sin brazos y con una pierna más corta en Zaragoza (España) en 1979, Javier ha hecho y hace siempre todo con todos. Con los pies…, pero con todos. Por ello, sus conferencias no ocultan nada y se apoyan obligatoriamente en su vida por momentos, pero se esfuerzan por alejarse de la mera admiración para alcanzar la más pura motivación, consiguiendo que cada asistente se convierta en el protagonista único de la charla.

Doctor Honoris Causa a su trayectoria vital por el Claustro Doctoral Iberoamericano (Ciudad de México) en 2017 y Diploma paralímpico -en un caso sin precedentes- como nadador en los Juegos de Londres 2012, su formación arranca como licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Autónoma de Barcelona (2001): allí ingresó por nota de acceso, pese a su 90% de discapacidad. Ha ejercido como periodista deportivo en Heraldo de Aragón, Diario As, Marca y Teledeporte; y es capaz de teclear, con los pies, cualquier portátil a más de 200 pulsaciones por minuto. Es, además, entrenador de fútbol titulado por la Federación Argentina y director deportivo por la Federación Española.

Con un discurso disruptivo e inspirador, se ha dirigido ya a más de 25.000 personas -entre España y América Latina-, cautivadas por un mensaje único de resiliencia y emprendimiento. Quizá emprender se trate de atreverse y levantarse, de levantarse y atreverse. En esa empresa, la de liderar nuestra propia vida en busca de nuestra mejor versión posible, deberíamos trabajar todos. Y a sus 40 años, Javier cumple ahí cuatro décadas cotizando. De sus pies, a la cabeza de todos.

Los mensajes publicitarios son para los anuncios

Permítanme presentarme antes de cualquier otra cosa, porque la educación obliga y porque lo más probable será que ustedes nunca hayan oído hablar de mí. Me llamo Javier Hernández Aguirán y nací en Zaragoza (España) hace 40 años, sin brazos y con una pierna más corta que otra. Doctor Honoris Causa por el Claustro Doctoral Iberoamericano en 2017, soy periodista deportivo desde 2001, tras licenciarme en la Universidad Autónoma de Barcelona -a la que ingresé por nota de acceso, pese a mi 90% de discapacidad-. Fui diploma paralímpico en Londres 2012 como nadador, tras alcanzar la final de los 50 metros espalda (categoría S3) de un modo próximo a lo inverosímil: sin haber entrenado antes de la treintena y sólo tres años más tarde… y he sido -en 2015- el tercer europeo en obtener el permiso oficial de conducir con los pies. Desde 2013 -y ya le apagamos la música a este baile de fechas-, comparto mi propuesta de conferencia motivacional ‘De los pies a la cabeza’ (www.delospiesalacabeza.org) ante ya más de 25.000 personas, en 160 ediciones, entre España, México, Uruguay y Argentina.

Quizá por mi formación periodística y experiencia profesional, y porque tengo el honor de estar considerado en su soñado Top 100 de conferenciantes, Thinking Heads me propone que prepare un texto sobre comunicación, de temática libre, para la prestigiosa plataforma Cibecom. Ante semejante honor, claro, sólo puedo aceptar: bajo al portátil al suelo y, después de pensar un buen rato, comienzo a escribir… con los dedos de los pies… a más de 200 pulsaciones por minuto.

‘No lo intenten en sus casas, la escena está reservada para especialistas’, se diría en un anuncio con un mínimo de responsabilidad social, aunque siempre con un tamaño de letras no apto para miopes. Con la misma responsabilidad, y la ventaja de que aquí las letras no desaparecerán horizontalmente en rótulos supersónicos, ruego que no lo hagan… salvo que vivan una realidad física parecida a la mía. Porque si de lo que hablamos es de motivación, ésta reside en otras coordenadas: menos comerciales y mas profundas, por regla general.

Motivar debería ser identificarse con el mensaje y no limitarnos a admirar al mensajero. Que alguien resulte admirable, por el motivo que sea y más aún si ese motivo resulta excepcional para la realidad de la mayoría, no lo convierte en una fuerza motivadora en sí misma. Como casi todo lo importante de esta vida -las soluciones a muchos problemas, las respuestas a las principales preguntas-, la motivación la pretendemos fuera sin calcular que lo más probable es que sólo la encontraremos dentro. Llevado a mi propio caso, por ilustrarlo con un ejemplo, digamos que no se trata de lo que un chico sin brazos dice que hace y yo nunca podré hacer; al contrario, es lo que yo, con o sin discapacidad, con mis circunstancias más o menos visibles, sean las que sean, no hago, no pienso y no creo, pudiendo hacerlo, pensarlo y creerlo.

¿Por qué De los pies a la cabeza? Porque el nombre marca la estrategia comunicativa de esta conferencia, que va camino del bicentenario y no entiende de fronteras. Se parte de un prólogo inaplazable: mis pies -desdoblados en manos siempre que no camino- y sus habilidades adquiridas a lo largo de cuatro exigentes y apasionantes décadas. Una veintena de imágenes en blanco y negro enseñan situaciones cotidianas que resuelvo con ellos -poner pasta en un cepillo de dientes, limpiar unas gafas, encender un mechero…- para, una vez impartida la clase de física, dedicar el resto de tiempo a la de filosofía. O dicho con menos ínfulas, porque el nivel no me alcanza para ser filósofo: para, una vez satisfecha la curiosidad humana de conocer lo (poco) que nos diferencia, poder centrarnos en lo mucho que nos une.

No sabemos si nueve de cada diez farmacéuticos lo recomendarían, ojalá sí, y ojalá lo hagan diez de cada diez organizadores de este tipo de eventos, pero me enorgullece comunicar que el vector que aquí trabajamos, que va de fuera adentro y no al contrario, como suele ser norma, tiene un alcance infinito y universal, para todo el mundo en todo el mundo: se viva donde se viva, sea cual sea su realidad y, por supuesto, su profesión. Porque apela a la médula del ser humano y convierte a cada asistente en el protagonista de cada charla: sin interpelarlo y sin hacerle subir al escenario, pero situándolo delante de su propio espejo. Compartiendo mensajes y reflexiones que, a priori, puede identificarse con ellas e incorporarlas a su propia existencia, por más que tenga dos brazos y quien se los esté transmitiendo no tenga ninguno.

Todo lo que he hecho y hago, lo he hecho y lo hago porque es posible y porque si fuera imposible, yo tampoco sería capaz. No por no tener brazos, sino porque nunca todo es posible… El ser humano perfecto todavía no ha nacido. Y si no somos perfectos, ninguno, aunque no se nos considere ninguna discapacidad, será porque todos somos limitados. Y si todos somos limitados será porque no todo es posible, ni todo se puede, ni con sólo querer vas a poder… Por supuesto, si no queremos, nunca podremos. Y, por supuesto, todo se debe intentar: muchas veces y muchos días, hasta alcanzar capacidad óptima que tengas. No pretendas ser perfecto y comprométete en ser todo lo (im)perfecto que tu humanidad te permita. Acepta y aspira, aspira y acepta.

Ahí está la motivación, en buscar nuestro 100%, cada uno el suyo, sin frustrarnos por no ser ilimitados ni por no ser omnipotentes. Dejemos los superhéroes para los cómics, los dioses para las religiones, las bicicletas para el verano y los mensajes publicitarios para los anuncios. La motivación cuesta, seguramente más que la fama, así que… ¡A bailar!