Piensa rápido, habla despacio

Nuria Moreno

Experta en Comunicación No Verbal

Nuestra Experta en Comunicación No Verbal, Nuria Moreno, es asesora de comunicación para Alta Dirección. Entrena a directivos, startups y speakers en sus presentaciones en público, desde la elaboración del discurso hasta su puesta en escena, dándoles un feedback detallado de cómo pueden utilizar mejor su postura, movimiento y voz para lograr mayor presencia y conexión, y ganar la confianza y atención de su audiencia.

Nuria colabora con consultoras de comunicación en formación de portavoces, como analista de lenguaje corporal en programas de televisión y como docente en universidades. Ha entrenado Managing Directors de importantes multinacionales, instituciones públicas, destacados despachos de abogados, bancos y partidos políticos.

Su formación académica internacional consta de un Experto en Comunicación No Verbal (Universidad de Alcalá de Henares) y dos licenciaturas, Filología Inglesa (Universidad Autónoma de Madrid) y Traducción de inglés y alemán (Johannes Gutenberg Universität Mainz). Además cuenta con más de 14 años en formación en herramientas de desarrollo personal.

Nuria también ofrece sesiones particulares como Coach de Comunicación a aquellas personas que desean mejorar sus habilidades comunicativas, dar un giro profesional a su carrera o simplemente ganar una mayor certeza sobre cómo comunican y cómo les perciben los demás.

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Piensa rápido, habla despacio. Uno de los problemas que tienen las personas que piensan rápido y que actúan muy rápido, es… que hablan muy rápido. A estas personas les resulta difícil gestionar la velocidad, ya que piensan que es algo positivo, pero es la velocidad quien les gestiona a ellos. Esto genera tensión y estrés en el ambiente. Se respira algo forzado. Como oyentes, nos vemos obligados, atrapados en nuestras sillas, a entender muy rápido, y nos gustaría hasta poder movernos para sacudirnos las prisas, que no son nuestras. Como interlocutores, nos vemos forzados a escuchar, no podemos intervenir, sentimos que están tomando por la fuerza algo nuestro, nuestro tiempo y nuestra atención.

Hablar a toda velocidad, es forzar las cosas, igual que vivir a toda velocidad. Es lo mismo. 

La persona que habla muy rápido cree que todo lo que sucede rápido es sinónimo de vida, que es bueno. Lo que ocurre a nivel corporal, es que el cuerpo desarrolla un ciclo bioquímico que cada vez demanda más adrenalina, más velocidad, más llenar la vida de cosas, de personas, de trabajo, de logros, de actividad. Eso inicialmente nos hace sentir, como quien se come un caramelo. Nos da un chute. Sumidos en este desafío, aparentemente inocuo, de alcanzar cada vez más y más, en menos y menos tiempo, la persona se dice a sí misma: “soy capaz”, “yo puedo”, “soy bueno”, “yo valgo”. Y se identifica con esto: “si cumplo, soy”, “si alcanzo, soy”, “si no, no soy”. Y nosotros sin percatarnos. Salvo cuando el cuerpo no puede más y paramos. La persona en este estado, no se da cuenta de que no es su alma, silenciada, quien dicta esto, sino su ego. Pues el lenguaje con nuestro alma, surge de nuestra conexión interior, y esta solo es posible si hay espacio y silencio. Tener espacio y silencio es algo que se nota. Es una riqueza personal que aporta. Esto da una forma de estar, de moverse, de hablar y de relacionarse. Si no la tenemos, no la podemos mostrar. La escucha se desarrolla con tiempo, con quietud, con introspección. Paradójicamente, es justamente la carencia de esta conexión interior la que nos lleva a más acción, a su vez para buscarla y para no encontrarla, de modo que entramos en un bucle sin fin, de hiperactividad y de hiperestimulación.

Para poder comunicar es tan importante saber escuchar como saber hablar. Si no tenemos esta predisposición a la escucha, a mirar, percibir y sentir al otro, lo más probable es que atropellemos a nuestro pobre interlocutor, le pasemos por encima, le interrumpamos o abusemos de su tiempo, paciencia y bondad. Eso si no es igual de rápido que nosotros, y entonces la comunicación se convertirá en una carrera, que logrará ganar quien más alto y más rápido hable. Hacer esto no es comunicar, es competir.

Una de las claves básicas de la comunicación es adaptar nuestro discurso a nuestra audiencia. Para poder percibir a quién tenemos en frente es necesario darnos al máximo, con los 5 sentidos. La falta de tiempo y de escucha es el principio del caos. Todo conflicto empieza por ahí. Por el contrario, a mayor escucha, mayor presencia. Te quedas quieto, te escuchan. Te quedas en silencio, te escuchan. El silencio es primordial. Lo primero que mostramos cuando salimos a hablar ante otros es qué capacidad tenemos de sostener el silencio y de estar en nosotros: la compostura. Si no la tenemos, las piernas se mueven. Vaivenes. Saltitos. Pies asimétricos. Ojos que ven pero que no miran.

Manos que se tensan, se agarran o que se esconden. Voces que tiemblan o titubean. Nos volvemos un flan.

Para modular la velocidad, para modular el ritmo, para modular la entonación, es necesario trabajar desde el cuerpo, y no desde la cabeza. Todo lo que tenemos automatizado a un nivel corporal y sistémico, donde la cabeza es solo una parte, no se puede corregir desde aquí. El primer paso es darnos cuenta de que una gran parte de nosotros está pensando que eso es un beneficio. Pero llama la atención cuántas personas insisten y enfatizan en el hecho de tener la vida muy llena, en qué están haciendo y con quién lo están haciendo y cómo su vida está llena. ¿Por qué es eso? Los seres humanos pendulamos todos los días entre la acción y el descanso, la noche y el día, la vida y la muerte. Es nuestra forma de regular nuestra energía. Y esto es una constante recurrente. En tan solo 24 horas que tiene el día ya se repite. E igual ocurre con los ciclos de la naturaleza, el verano y el invierno, todo es así, todo tiene un ciclo para dentro y un cliclo para fuera que se compensa y nutre para estar en equilibrio. Es la naturaleza. Muchos de nosotros queremos estar fuera, queremos estar en la vida, y todo lo que signifique que voy a la vida es positivo, pero sin embargo si esta balanza no está bien equilibrada puede ocurrir que tanto exceso de vida nos lleve al otro lado, y no de la mejor manera.

La solución es una cuestión muy simple, en la vida, como bien sabemos, todo es cuestión de ritmo. Aprender a introducir el silencio cuando hablamos no es tan fácil si no hacemos algo en nuestro día a día y desde el cuerpo, no solo desde la atención y desde la intención. Este cambio es como poner a girar el universo en dirección contraria, porque estás poniendo todo tu universo interior a funcionar con otro mecanismo, otras reglas, alimentando un circuito bioquímico con otras sustancias. Requiere mucha constancia y mucho esfuerzo. No se puede hacer de un momento para otro.

¿Y a ti qué te parece? ¿Tú dónde estás? ¿Eres de los que piensan rápido y hablan rápido?, ¿piensas rápido y habas despacio?, ¿o quizás piensas despacio y hablas muy despacio? ¿Y qué ingredientes crees que necesitarías introducir en tu receta de comunicación? No siempre es cuestión de poner, a menudo es cuestión de quitar. Cómo comunicamos, tiene que ver con cómo somos, entonces no basta con trabajar en términos únicamente de técnicas y recursos de comunicación, sino también de identidad, motivación, hábitos, creencias, juicios e inquietudes. Todo esto trabajamos en un training de comunicación y yo te animo mucho a empezar por observarte y por qué no, a empezar por el ritmo. La velocidad y la aceleración repentina en comunicación no verbal es un ítem negativo que indica: impaciencia, estrés, tensión, rechazo, negación, provocación, impulsividad, falta de interés, brusquedad, falta de atención, falta de autodominio. Por eso, piensa rápido, pero habla despacio.