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Por qué un CEO no debe obviar el poder de la comunicación interna en su estrategia de comunicación corporativa

Daniel Romero-Abreu

Fundador y CEO

Thinking Heads

Daniel Romero-Abreu tiene más de quince años de experiencia en el posicionamiento estratégico de líderes como expertos en su sector. Ha desarrollado una metodología única que traspasa la barrera de la marca personal y sitúa a los clientes en referentes de divulgación y pensamiento en sus diferentes ámbitos profesionales, empresariales e institucionales.

Esta metodología de posicionamiento es el resultado del asesoramiento a presidentes del gobierno, CEO, economistas, deportistas, escritores y pensadores y se basa en la identificación del talento y su potenciación a través de la identificación de audiencias estratégicas y canales, generando así un valor social desde el pensamiento y conocimiento.

En 2015 se convirtió en el primer no anglosajón y el más joven presidente de la International Association of Speakers Bureaus (IASB). Es economista y abogado. Actualmente prepara el lanzamiento de su primer libro donde cuenta las claves del posicionamiento personal que lo han hecho experto en esta materia.


La comunicación interna es, en esencia, todo lo que se dice y se comparte en el seno de una organización. Sin embargo, pese a ser una poderosa herramienta capaz de aumentar la productividad y el rendimiento, es una de las grandes carencias empresariales. La comunicación interna debe estar integrada dentro de la estrategia tanto de comunicación corporativa como de posicionamiento del CEO.

Se invierte mucho en identificar y establecer los públicos objetivos a los que dirigir las comunicaciones corporativas, pero no hay una concienciación de que el primer público objetivo en el que siempre hay que pensar es el equipo humano de la propia organización. Tan importante es cuidar a los clientes y proveedores como a los empleados, que son quienes sacan adelante el negocio con esfuerzo y trabajo diario.

Comunicar, pero también escuchar

La comunicación tiene un rol protagonista en la gestión de un liderazgo efectivo, generando resonancia en todos sus colaboradores y favoreciendo el proceso comunicacional lineal, ascendente y descendente en la empresa.

El CEO, con la comunicación de su pensamiento, se implica en la construcción de un entorno de confianza que garantiza la efectividad de los mensajes y minimiza las posibilidades de conflicto, convirtiéndose en dinamizador y catalizador del proceso de creación de un equipo y un ambiente de trabajo.

Hablar con los empleados es la única vía para alinearles con la misión, la visión y los valores de la organización. Sin embargo, no solo es importante comunicar. Siempre hay que tener presente que la mejor comunicación interna es siempre bidireccional.

Un líder con un discurso unilateral es un líder a la derivaal no contar con el apoyo de un grupo humano, su equipo, que esté dispuesto a dejarse guiar y seguirle en su aventura. Solo mediante la escucha se consigue esa tan necesaria implicación y compromiso del equipo al sentir como propio y común el proyecto empresarial. Esta escucha activa enriquece la toma de decisiones de la gerencia y afecta, modifica, moldea y construye al líder por su capacidad de adaptación a las necesidades internas.

Sin confianza no hay comunicación

Sin embargo, todo lo anterior es en vano si el líder como comunicador no es una figura confiable en el seno de su organización. El CEO tiene un papel protagonista y responsable en el futuro de la compañía y solo si existe credibilidad en la relación entre el emisor y el intérprete (dirección-empleado), se podrá disipar la incertidumbre, hacer frente al cambio y motivar a los equipos en la consecución de objetivos.

La eficacia del proceso comunicacional va mucho más allá de la calidad del mensaje y la actitud de los colaboradores. En la base de su funcionamiento está algo tan sencillo y complejo a la vez: la confianza en la fuente, la reputación del líder. Sin esta confianza, la comunicación del CEO será inútil.

Esta fiabilidad, que en demasiadas ocasiones y de manera más que errónea se da por supuesta, se demuestra en el día a día mediante acciones y actitudes. La seguridad en el líder se construye sobre los cimientos de su honestidad, su competencia, su conocimiento y su integridad y se mide en la congruencia entre lo dicho y lo hecho y, cuanto mayor sea la brecha entre ambas, menos eficaz será su liderazgo.

El CEO puede dominar a la perfección la técnica de la comunicación y el arte de la retórica, pero si no es una fuente confiable y reputada, entonces el ejercicio de su liderazgo será ineficaz e inviable en el largo plazo. La credibilidad genera confianza y ésta crea espacios compartidos que permiten el cambio profesional y organizacional.

Al final, la relación entre comunicación y liderazgo es un círculo virtuoso y se apoyan la una sobre la otra. El nombramiento como director general de una empresa no lleva implícito tu identificación como líder. El que es líder no lo es por el cargo que aparece en su tarjeta de visita, lo es por la confianza que su equipo tiene en él, en sus acciones y sus decisiones.

Los CEO deben, por un lado, demostrar su integridad para ser una fuente confiable y, por otra, trabajar sus competencias técnicas en comunicación para que su mensaje, siempre, sea positivo, eficaz y dinamizador. El liderazgo como proceso de influencia en los equipos tiene en la base tu credibilidad y tu comunicación.