Nuria Moreno

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Piensa rápido, habla despacio

16 diciembre 2019 |by Fundacom | Comentarios desactivados en Piensa rápido, habla despacio | Conocimiento | ,

Piensa rápido, habla despacio. Uno de los problemas que tienen las personas que piensan rápido y que actúan muy rápido, es… que hablan muy rápido. A estas personas les resulta difícil gestionar la velocidad, ya que piensan que es algo positivo, pero es la velocidad quien les gestiona a ellos. Esto genera tensión y estrés en el ambiente. Se respira algo forzado. Como oyentes, nos vemos obligados, atrapados en nuestras sillas, a entender muy rápido, y nos gustaría hasta poder movernos para sacudirnos las prisas, que no son nuestras. Como interlocutores, nos vemos forzados a escuchar, no podemos intervenir, sentimos que están tomando por la fuerza algo nuestro, nuestro tiempo y nuestra atención.

Hablar a toda velocidad, es forzar las cosas, igual que vivir a toda velocidad. Es lo mismo. 

La persona que habla muy rápido cree que todo lo que sucede rápido es sinónimo de vida, que es bueno. Lo que ocurre a nivel corporal, es que el cuerpo desarrolla un ciclo bioquímico que cada vez demanda más adrenalina, más velocidad, más llenar la vida de cosas, de personas, de trabajo, de logros, de actividad. Eso inicialmente nos hace sentir, como quien se come un caramelo. Nos da un chute. Sumidos en este desafío, aparentemente inocuo, de alcanzar cada vez más y más, en menos y menos tiempo, la persona se dice a sí misma: “soy capaz”, “yo puedo”, “soy bueno”, “yo valgo”. Y se identifica con esto: “si cumplo, soy”, “si alcanzo, soy”, “si no, no soy”. Y nosotros sin percatarnos. Salvo cuando el cuerpo no puede más y paramos. La persona en este estado, no se da cuenta de que no es su alma, silenciada, quien dicta esto, sino su ego. Pues el lenguaje con nuestro alma, surge de nuestra conexión interior, y esta solo es posible si hay espacio y silencio. Tener espacio y silencio es algo que se nota. Es una riqueza personal que aporta. Esto da una forma de estar, de moverse, de hablar y de relacionarse. Si no la tenemos, no la podemos mostrar. La escucha se desarrolla con tiempo, con quietud, con introspección. Paradójicamente, es justamente la carencia de esta conexión interior la que nos lleva a más acción, a su vez para buscarla y para no encontrarla, de modo que entramos en un bucle sin fin, de hiperactividad y de hiperestimulación.

Para poder comunicar es tan importante saber escuchar como saber hablar. Si no tenemos esta predisposición a la escucha, a mirar, percibir y sentir al otro, lo más probable es que atropellemos a nuestro pobre interlocutor, le pasemos por encima, le interrumpamos o abusemos de su tiempo, paciencia y bondad. Eso si no es igual de rápido que nosotros, y entonces la comunicación se convertirá en una carrera, que logrará ganar quien más alto y más rápido hable. Hacer esto no es comunicar, es competir.

Una de las claves básicas de la comunicación es adaptar nuestro discurso a nuestra audiencia. Para poder percibir a quién tenemos en frente es necesario darnos al máximo, con los 5 sentidos. La falta de tiempo y de escucha es el principio del caos. Todo conflicto empieza por ahí. Por el contrario, a mayor escucha, mayor presencia. Te quedas quieto, te escuchan. Te quedas en silencio, te escuchan. El silencio es primordial. Lo primero que mostramos cuando salimos a hablar ante otros es qué capacidad tenemos de sostener el silencio y de estar en nosotros: la compostura. Si no la tenemos, las piernas se mueven. Vaivenes. Saltitos. Pies asimétricos. Ojos que ven pero que no miran.

Manos que se tensan, se agarran o que se esconden. Voces que tiemblan o titubean. Nos volvemos un flan.

Para modular la velocidad, para modular el ritmo, para modular la entonación, es necesario trabajar desde el cuerpo, y no desde la cabeza. Todo lo que tenemos automatizado a un nivel corporal y sistémico, donde la cabeza es solo una parte, no se puede corregir desde aquí. El primer paso es darnos cuenta de que una gran parte de nosotros está pensando que eso es un beneficio. Pero llama la atención cuántas personas insisten y enfatizan en el hecho de tener la vida muy llena, en qué están haciendo y con quién lo están haciendo y cómo su vida está llena. ¿Por qué es eso? Los seres humanos pendulamos todos los días entre la acción y el descanso, la noche y el día, la vida y la muerte. Es nuestra forma de regular nuestra energía. Y esto es una constante recurrente. En tan solo 24 horas que tiene el día ya se repite. E igual ocurre con los ciclos de la naturaleza, el verano y el invierno, todo es así, todo tiene un ciclo para dentro y un cliclo para fuera que se compensa y nutre para estar en equilibrio. Es la naturaleza. Muchos de nosotros queremos estar fuera, queremos estar en la vida, y todo lo que signifique que voy a la vida es positivo, pero sin embargo si esta balanza no está bien equilibrada puede ocurrir que tanto exceso de vida nos lleve al otro lado, y no de la mejor manera.

La solución es una cuestión muy simple, en la vida, como bien sabemos, todo es cuestión de ritmo. Aprender a introducir el silencio cuando hablamos no es tan fácil si no hacemos algo en nuestro día a día y desde el cuerpo, no solo desde la atención y desde la intención. Este cambio es como poner a girar el universo en dirección contraria, porque estás poniendo todo tu universo interior a funcionar con otro mecanismo, otras reglas, alimentando un circuito bioquímico con otras sustancias. Requiere mucha constancia y mucho esfuerzo. No se puede hacer de un momento para otro.

¿Y a ti qué te parece? ¿Tú dónde estás? ¿Eres de los que piensan rápido y hablan rápido?, ¿piensas rápido y habas despacio?, ¿o quizás piensas despacio y hablas muy despacio? ¿Y qué ingredientes crees que necesitarías introducir en tu receta de comunicación? No siempre es cuestión de poner, a menudo es cuestión de quitar. Cómo comunicamos, tiene que ver con cómo somos, entonces no basta con trabajar en términos únicamente de técnicas y recursos de comunicación, sino también de identidad, motivación, hábitos, creencias, juicios e inquietudes. Todo esto trabajamos en un training de comunicación y yo te animo mucho a empezar por observarte y por qué no, a empezar por el ritmo. La velocidad y la aceleración repentina en comunicación no verbal es un ítem negativo que indica: impaciencia, estrés, tensión, rechazo, negación, provocación, impulsividad, falta de interés, brusquedad, falta de atención, falta de autodominio. Por eso, piensa rápido, pero habla despacio.

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La comunicación facilita el liderazgo y el liderazgo la comunicación

21 junio 2019 |by Fundacom | 0 Comments | Conocimiento |

A veces vemos a una persona y vemos entereza, otras veces percibimos dirección. Algunos presentadores tienen presencia, otros carisma, ¿cómo es esto? ¿cómo se adquiere el carisma? ¿dónde se compra? ¿en Amazon? Unos apenas hablan y tienen la atención de todos, otros hablan rápido, y se les interrumpe rápido, otros hablan sin parar, pero poco dicen, y a su vez poco importa, pues tampoco se les escucha. ¿Con qué tienen que ver estas cosas? Muy fácil, como comunicamos tiene que ver en primera línea con nuestra naturaleza. No puedes transmitir lo que no tienes. Si tienes foco, fuerza y estructura, esto se ve en la concreción en el discurso y en la postura firme y estable en el cuerpo. Si por el contrario hay dispersión y una emocionalidad poco estable, una posición corporal recta, erguida, sólida y fuerte no va a estar, en su lugar habrá movimiento en las piernas y unos pies poco arraigados.

Como comunicamos influye en nuestro liderazgo y a su vez como lideramos tiene que ver con como comunicamos. Porque todo es una misma cosa. Las personas somos un sistema holístico donde todo está relacionado, no podemos trabajar el liderazgo sin trabajar a la vez confianza, gestión emocional, autoestima, asertividad, firmeza, y un largo etcétera de cualidades.

Según esto, analicemos al líder en fondo y forma y de los pies a la cabeza. ¿Cómo se reconoce al líder? ¿Cuáles son sus características personales y la expresión física de estas? ¿Y cómo se trabaja la comunicación con el liderazgo y al revés, al líder mediante el desarrollo de sus habilidades comunicativas?

En primer lugar, lo más básico que tiene que tener el líder es estructura. La persona no se va por las ramas, es breve, enumera, da datos y ejemplos concretos. En su forma física, hay rectitud. La persona está fuerte, las piernas no se doblan, no hay vaivén. A un líder con los pies en la tierra se le reconoce precisamente por esto, pies bien arraigados, paralelos, mirando al frente, con una postura firme y estable. Unos pies así posicionados nos llevan inmediatamente al aquí y al ahora, la persona no está en fantasías, actúa en el mundo, camina recto, no se deja llevar. Es realista, no pierde el tiempo ni la energía en misiones imposibles. El líder ejecutivo se caracteriza por una alta autoestima, proyecta confianza, determinación. Como es muy seguro de sí mismo, no necesita abrir en exceso las piernas haciendo un triángulo para posicionarse. No necesita hacerse más grande para ser, para estar o para imponerse. El foco está en la acción, la concreción, las metas, los hechos. Es el líder ejecutivo. Desde aquí generamos la capacidad de transmitir confianza y seguridad.

En segundo lugar, una vez hay estructura, foco y realidad, lo siguiente que tiene que tener un líder es una buena gestión emocional. Esta capacidad se mide por el movimiento. Todo lo que nos emociona, nos mueve. Y a su vez emocionamos, cuando nos movemos y somos capaces de conmover. Si al líder de los objetivos le caracteriza el plano vertical, su presencia, rectitud y estabilidad, al líder de las personas le caracteriza el horizontal, todo lo que se mueve de cintura para arriba, en expansión y conexión. Tronco, brazos, manos, cabeza y expresión facial, son la expresión del afecto. Las piernas muestran posición, rigor, profesionalidad; los brazos en cambio son la extensión del corazón, están para dar, servir, conectar y abrazar. El primero va recto, a lo suyo, el segundo con un equipo. Si una persona por tanto mueve las piernas al hablar, con vaivenes, balanceos os altivos, mientras su rostro permanece hierático, su liderazgo está haciendo el pino.

Lo importante a la hora de observar el movimiento y su significado es qué se mueve y cómo se mueve, es decir, si el movimiento es excesivo o acorde. En comunicación no verbal todo lo que es exagerado es mentira y por tanto resta a la persona credibilidad y autenticidad, que como decíamos en el artículo anterior es la mayor barrera que puede haber entre un comunicador y su público. El carisma tiene que ver con esto, con la autenticidad, con la capacidad de mostrarnos. Una persona que se esconde, que no se da, con manos a la espalda, agarradas o en bolsillos, que camina de lado o que no mira, no puede irradiar carisma.

La persona con una buena gestión emocional es expresiva a nivel facial, que es donde se encuentran los sentidos y por tanto donde mejor podemos generar la conexión con el otro. Lo siguiente que tiene más importancia son las manos, que se muevan de una manera acorde a lo que se dice, reforzando el discurso, que estén a la altura del tronco, denotando igualdad, ni inferioridad, ni superioridad, que no se escondan o muestren tensión. Que se muevan libres y con soltura. Que los brazos no se peguen al cuerpo y muestren pequeñez, sino apertura, con el tronco al frente y no de lado. Por donde no puede o no debe salir el movimiento de una manera incontrolada es en piernas con balanceos, vaivenes o saltitos. El movimiento está para emocionar, para conmover. Sin movimiento no hay afecto, no hay tacto, y el movimiento no solo se ve en el cuerpo sino también en la voz, en la variedad tonal, en la intensidad, el énfasis, el ritmo y el volumen. Movimiento y emoción por tanto son la base de la comunicación, no pueden estar restringidos, bloqueados o ausentes. El líder que conecta, mueve y emociona de una manera natural es el líder de personas. Desde aquí generamos la capacidad de gustar, persuadir, contagiar y ganarnos al otro.

Ya tenemos un líder que se rige con una fuerte voluntad por la consecución de objetivos, orientado a la acción pero que cuida a las personas. Cuando comunica tiene firmeza y autoridad, pero también tacto. ¿Qué faltaría? El tiempo y el espacio, o dicho de otro modo, la capacidad de escucha, la calma, la serenidad. Un líder que no escucha, no es un líder, igual que hablar no es comunicar. Para comunicar has de saber a quién tienes enfrente, cómo es, qué necesita, qué le mueve, qué le interesa. Para eso hay que escuchar. El buen comunicador sabe adaptar su discurso a las personas con las que trata. El primer requisito es escuchar. Y escuchar se hace con todos los sentidos. Podemos escuchar con la mirada, por ejemplo. Escuchar tiene que ver con ver al otro. Lo que caracteriza a la escucha es la capacidad de introspección y reflexión. La persona tiene un mundo interior rico, disfruta de los espacios consigo mismo y actividades tranquilas como la lectura, paseos o contemplación. Su vida no está regida por la acción. No corre. Cuando sale a hablar ante un público este tiempo y espacio le permite estar en sí mismo. No se precipita. No se vuelca en exceso. No se pone nervioso.

Una persona que vive en lo inmediato, no desarrolla la escucha. La persona así, no es dueña de su tiempo, no controla el ritmo, ni la velocidad, sino que vive dominada por la prisa, y esto hace que no pueda reflexionar y escuchar mientras habla. La escucha viene dada por la necesidad de parar y entender el significado profundo de las cosas que nos ocurren y nos llaman la atención. Impulsos y emociones pasan a ser sentimientos profundos a través de la escucha. Cuando la persona tiene espacio, esto se ve. El espacio interior gestiona las emociones y las regula, por eso la persona con capacidad de escucha no se pone nerviosa, no pierde las formas, no interrumpe, no falta al respeto, no insulta, sino que espera, tiene paciencia. No hay descontrol. No hay exceso. La voz es suave, la persona utiliza silencios, piensa antes de hablar, no se olvida nada de lo que quiere decir, argumenta en detalle de principio a fin y el uso de las palabras que emplea es selecto y refinado. La escucha además tiene que ver con la atención, con el respeto y con la calidad y la calidez del vínculo. ¡Qué importante la escucha! Desde aquí generamos la capacidad de desarrollar un concepto complejo, y si todo lo anterior está bien, si el líder ejecutivo y el líder de las personas están en su sitio, el racional es capaz de hacer lo complejo, simple, de modo que todos lo entiendan. Este es el líder ideológico. Un gran conocedor. Si la persona es racional, pero faltan los pies o faltan los brazos, es decir, si falta la acción o la emoción, la persona será capaz de desarrollar contenidos muy complejos, será capaz de gestionar y regular sus emociones, será respetuoso, no se atropellará, pero no será capaz de comunicar, de hacer esos contenidos comprensibles y útiles, y de llegar a su audiencia.

Tres capacidades básicas tiene que te tener un buen comunicador: la capacidad de concreción, la capacidad de conexión y la capacidad de reflexión. Si alguna de estas no está, no es posible ser un buen comunicador. Tres capacidades básicas tiene que tener un líder, la orientación por objetivos, la gestión emocional y la escucha, o dicho de otro modo, la competencia práctica, la emocional y la racional. Si alguna de estas tres no están, no se puede ser un buen líder.

Hay un proceso y hay un orden en la evolución de líder. Si lo anterior no está, el intelectual pierde la conexión con la realidad y con los otros, solo se comunica a un nivel intelectual. Eso no es comunicar. Con frecuencia cae además en el elitismo y la prepotencia. Vive en el mundo de las ideas. El cuerpo no está. Las manos van a la cabeza. La espalda se encorva. Los ojos leen, no miran, no ven, no conectan. Desde ahí, el erudito no llega a las personas, tampoco es eficaz. Se parapeta en las palabras y en los conceptos. Para comunicar hay que tocar los corazones. Hay que conmover. Y hay que ser concreto y realista.

Además de estas tres cualidades, hay un cuarto factor que nos permite llevar la comunicación y el liderazgo más allá, la capacidad de servicio. La persona con esta preferencia tiene una gran capacidad de análisis, visión de conjunto e intuición. Su necesidad de servir le hace tener una visión global. No se trata de mí, en primera persona, ni tampoco de los míos en primer lugar, mi familia, mi patria. No. Se trata de todos, la humanidad como familia, lo global es lo primordial, las cosas que nos afectan como sociedad y como humanidad. Y la visión a largo plazo. Estas personas se rigen fuertemente por los valores y desde aquí con gran humildad consiguen movilizar masas y transformar el mundo, poniéndose al servicio y sin ningún tipo de interés personal, salvo el de servir a un motivo mayor que sí mismos y ser fieles, eso sí, al propósito de su alma, con el que están fuertemente vinculadas. Cuando hablan, tienen la virtud de captar la atención y de una manera muy sutil introducirse en un espacio intacto en el interior de las personas accionando nuestra conciencia individual y colectiva. Es el líder transformacional. Un gran sabio. Tiene una gran capacidad de análisis y sabe llegar a la esencia de las cosas, a lo que verdaderamente importa. No se mueve en el mundo de las ideas, la información y los datos, como el racional, sino en el de las esencias, las verdades últimas y universales. Tiene una gran capacidad de discernir, una gran conciencia de lo que verdaderamente importa. Desde aquí generamos la capacidad de conmover, sensibilizar y transformar en cuestión des segundos. Las personas evolucionamos muy lentamente. Pero cuando la conciencia entiende, el cambio es inmediato.

Cuatro competencias básicas ha desarrollado el ser humano a lo largo de la evolución de las especies basadas en nuestra necesidad vital de sobrevivir, de pertenecer, de entender y de servir a los demás: la competencia práctica, la emocional, la intelectual y la social. Cuatro competencias básicas que se rigen por 4 motores. Acción, emoción, razón e intuición tienen una forma de comunicar en fondo y forma, en cuerpo y alma, verbal y no verbal. En términos de comunicación no verbal se corresponden con un mapa mental, una emoción básica, una configuración bioquímica, una preferencia cerebral y una forma corporal. ¿Sabíais que la comunicación no verbal abarca todas estas áreas?

En base a esta tendencia en cada persona sabemos cuál es su necesidad vital y mayor motivación, que rige sus hábitos, su forma de comportarse, de evolucionar, de liderar y de comunicar. Es muy fácil y lógico ¿verdad?

Nuestra oralidad y nuestra corporalidad muestran qué nivel de habilidad hemos logrado en cada una de estas competencias, y en función de esto y de nuestra naturaleza habrá en nosotros una preferencia según la cual podemos hablar de cuatro tipos de liderazgo: el ejecutivo, el personal, el ideológico y el transformacional.

Sin embargo, el ser humano es complejo, todos tenemos de todo. Además, esta naturaleza puede estar en equilibrio o desequilibrio. Ya lo sé, aquí la cosa se complica. No todo iba a ser tan fácil. Todos tenemos de todo, sí, pero todos tenemos una tendencia preferente. El buen comunicador no puede mostrar solo su tendencia natural, tiene que mostrar que tiene las cuatro competencias, y alternarlas, aunque una de ellas sea innata. El camino es observar nuestra naturaleza, cuándo y cómo se fortalece o desequilibra, cuando se va al polo negativo y cómo se reorganiza. Que está bien y qué está mal, frenado o restringido. Como dijimos en el artículo anterior, si estamos en marca o en contra marca. A partir de aquí podremos trabajar el liderazgo mediante la comunicación y al revés. Basándonos en quienes somos.

Trabajar comunicación es trabajar identidad, es transformación personal y es evolución. Pero esto lo veremos en el próximo artículo.

Y tú, ¿qué tipo de líder eres?

 

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Tu comunicación no verbal es tu marca personal

25 abril 2019 |by Fundacom | Comentarios desactivados en Tu comunicación no verbal es tu marca personal | Conocimiento | ,

Dos noticias, una buena y otra mala. Empecemos por la mala: puedes seguir todos las pautas, manuales y cursos de comunicación, practicar y practicar, si no eres tú mismo, si no te muestras como eres, si no eres auténtico, de nada te servirá. Y al revés, aquí viene la buena noticia, si sí lo eres, te los puedes saltar, los cursos, las reglas, las pautas. ¿Por qué? Porque las personas somos máquinas de detectar incoherencias. Lo hacemos automáticamente y sin ningún esfuerzo. Es gratis. Y este sistema funciona muy bien. Cuando detectamos una incoherencia, inevitable e inexorablemente, emitimos un juicio en contra. Por eso, a la hora de comunicar es fundamental dar señales claras y unidireccionales.

Hay tres cosas intrínsecas al acto de comunicar y estas son: mostrar quiénes somos, conectar con los demás y lograr conmover a nuestro público, que se produzca un cambio en su manera de percibir, pensar o sentir. Por lo tanto, la comunicación es en primera línea una cuestión 1) de identidad, 2) de conectar y 3) de emocionar. Ninguno de estos tres factores puede fallar. Si el primero ya falla, mucho hay que trabajar, pero no a nivel de gestos, más alto, más bajo, más rápido, más lento, no, a nivel interior, a nivel de qué juicios y qué creencias, nuestros, propios, están boicoteando nuestra intervención.

Las personas, no nos van a juzgar en base a si somos guapos o feos, bajos o altos o si sabemos mucho o poco, esto resulta irrelevante en comparación con la fuerza e impacto que produce un comunicador que se atreve a estar ahí, eso sí, no solo con el intelecto, sino en cuerpo y alma, dándose, exponiéndose, entregándose. Y en este sentido no hay recetas ni instrucciones que seguir, todos sabemos lo qué nos funciona a la hora de persuadir, a nuestros amigos, familia o pareja, y tenemos un estilo propio. Por el contrario, la incoherencia crea una distancia, despierta una duda, la sospecha de que algo no cuadra, y esta se va abriendo paso y se expande como una nube entre las cabecitas en nuestro público, poniendo en jaque mate a nuestra credibilidad como oradores. Nadie lo dice explícitamente, pero se siente. ¡Justo lo contrario de lo que queremos conseguir!

Y es que, todos sabemos comunicación no verbal, es el primer idioma que aprendemos en nuestro primer año de vida, y por eso, cuando alguien se nos presenta a medias, de lado, o por lo bajini, con la mano en el bolsillo, o ni decir ya ¡detrás de la espalda!…mirando al cuello de su camisa, al fin del fondo del final de la sala o directamente, sin mirar, ¡tris, trás, plás! en una milésima de segundo, ya hemos hecho nuestra apuesta, una tenue pero certera vocecita se abre paso en nuestro interior y dice: “¡Pues no sé si me gusta este tío!”. Así de claro.

¿No os ha pasado nunca? Ir por ejemplo a ver un monólogo y que tu amigo diga: “Pues… había algo en la voz… no sé…”. Yo, como experta en comunicación no verbal, me quedo inmóvil. Para mí, la sabiduría colectiva y más si es con toda espontaneidad, es oro puro, y sin que se me mueva un pelo, digo: “Ah, sí, ¿eh?”. Le miro a los ojos, sabéis cómo, ¿no?, ni fijamente ni intensamente, que no se me note pero sobre todo que no se me escurra. Y como quien no quiere la cosa, espero en silencio, atenta, impaciente, deseosa, hasta que por fin añade: “Pues… sí…” , dice: “Que tenía algo en la voz, pues… como que no cuadra, ¿no?”. El experto dentro de mí está pletórico. Me encanta no ser yo quien se de cuenta de estas cosas, ni quien lo diga. La voz, querido lector, no cuadraba con su cuerpo, así era. Su cuerpo grande y fuerte, contrastaba con su voz excesivamente suave y sobretodo blanda, un contraste que chirriaba y decía tres cosas, 1) quiero agradar, 2) me falta firmeza y prefiero disimular mi fuerza a que se me vea y sobre todo a emplearla y pasarme, y 3), yo no soy así. De todas estas, es la tercera, la que sin piedad, levantó la sospecha en mi amigo, a pesar del buen rato que pasamos y lo mucho que nos hizo reír. Y es la segunda, la firmeza o más bien su falta, la que habría que trabajar para que su voz estuviera acorde con su cuerpo. ¿Entendéis ahora lo que quiero decir con ser auténtico y coherente? No es el plano verbal, sino mucho más el corporal, el que nos delata, y es en el ser, en la identidad, donde tiene lugar y se corrige.

Empecemos por tanto por el principio, si queremos generar presencia, llegar a nuestro público, conectar, fluir con él y que el fluya con nosotros, inspirar, cautivar, deleitar y ensimismar a otros, a la vez que sentirnos bien con nosotros mismos, no basta con aprender una serie de trucos y técnicas. Que yo no digo que no sirvan, son un buen recurso, pero no basta, y sobre todo no nos llevan directo al grano. Comunicar, querido lector, es cuestión de ser tú mismo, de no impostar. Tenemos que empezar, por tanto, por nosotros mismos, por quiénes somos y cómo somos, o nuestra CNV nos delatará.

El momento en que salimos y nos exponemos ante un público es un reto. Hay que tener agallas, hay que atreverse a estar ahí. ¿Por qué? Porque se va a ver todo de nosotros. Y en mayor o menor medida, todos tenemos cosas, que no queremos que se vean, o mejor dicho, directamente no queremos que estén, no queremos ser. Unos no quieren ser prepotentes, otros nos quieren ser dominantes, otros sumisos, otros humildes, otros hipócritas. Hay tantas cosas feas que no queremos ser, pero que están, o mejor dicho, que somos. La primera barrera entre mi público y yo, son estos juicios, y funcionan en dos direcciones, el juicio que tengo yo con respecto a mí mismo, que puede ser más o menos consciente, pero más bien menos que más, y el juicio que los demás harán nada más verme. En base a nuestras experiencias, todos asociamos imágenes a emociones y juicios. Por eso cuando vemos una persona, automáticamente emerge un sí o un no en nuestra mente. Respecto a los juicios de los demás, nada podemos hacer. Bien ¿no? Una cosa menos. Otra buena noticia. Simplemente, no es asunto nuestro. Cada persona juzga cosas distintas. Poco nos tiene que importar lo que otros juzguen. El trabajo es con nosotros mismos, con nuestros propios juicios. Porque estos son los que van a hacer que nos demos o nos frenemos, y de en qué medida hagamos esto, va a depender el impacto que consigamos. Cuanto más transparente nuestra comunicación, mayor fuerza, mayor naturalidad, mayor conexión, mayor carisma. Toda una cadena de efectos positivos se despliega, y al revés.

Autenticidad, confianza, seguridad, estabilidad, son grandes palabras, ¿verdad? Tu comunicación no verbal expresa como están, pone de manifiesto lo que hay dentro y es de dentro a fuera que tenemos que trabajar para mejorar nuestra comunicación, nuestro liderazgo, nuestro talento y relación con otros. En este sentido la comunicación no verbal resulta una excelente y fidedigna herramienta para trabajarnos, ya que pone de manifiesto lo que hay y abarca todas las áreas del ser y todos los canales de expresión.

Comunicar tienen que ver con ser y tu comunicación no verbal es tu marca personal. Porque solo tú te mueves de esa manera, solo tú tienes esa forma de mirar, ese gesto tan tuyo, esa forma particular de mover las manos, solo tú tienes esa forma de andar tan característica tuya y solamente tú tienes ese timbre de voz. Miles, cientos de miles, millones de personas, todos distintos, todos se mueven diferente, suenan diferente, brillan diferente. Sí, tu comunicación no verbal eres tú, tu comunicación no verbal es lo que te caracteriza, tu comunicación no verbal es tu marca personal. Y es que… eres único, lo sabes ¿no?. Esta es la buena noticia, no tenemos que ser otro. A la hora de comunicar, solo tenemos que ser nosotros mismos.

Comunicar es una cuestión de ser. ¿Es tan difícil ser quién eres?

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