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Frente a la incertidumbre, generar certezas, construir reputación

31 julio 2020 |by Fundacom | Comentarios desactivados en Frente a la incertidumbre, generar certezas, construir reputación | Conocimiento | ,

La crisis motivada por la pandemia de coronavirus y la extensión de la COVID-19 ha motivado y está generando un replanteamiento de prioridades a todos los niveles, desde el ámbito más individual, para cada uno de nosotros, al entorno más colectivo, como sociedad en su conjunto. En estos días, aciagos y todavía complicados, se ha convertido en  habitual la pregunta sobre si saldremos mejores de esta crisis. Pero la respuesta no tiene que ver tanto con un vaticinio sobre el futuro, sino con una reflexión sobre el presente. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

Porque muchas veces hemos oído también que las crisis pueden convertirse en oportunidades. Y una que se extiende a los ámbitos sanitario, económico y social, que afecta a nivel estatal y también internacional, es la ocasión para comprobarlo. Lo que por el momento es claro es que, en tiempos de incertidumbre como los que nos ha tocado vivir en estos últimos meses la sociedad demanda asideros de confianza, referentes de solidez y garantes de certezas. Y todos ellos -confianza, solidez y certeza- son conceptos íntimamente relacionados con todo el espectro que recoge la idea más amplia de la reputación.

Sin duda, la reputación es uno de los activos más valiosos en cualquier momento para cualquier organización, pero que adquiere todavía mayor relevancia en un mundo crecientemente interconectado en el que compartir una opinión o difundir una idea se ha convertido en un acto tan sencillo como presionar un botón -”a golpe de click”- y que asume una mayor trascendencia en un entorno de incertidumbre y, en cierto modo, inestabilidad, en el que las personas buscan referentes de credibilidad y confianza, y por ello valoran con mayor intensidad y evalúan con mayor interés la reputación de una organización, una empresa o un sector. 

Hay que tener en cuenta que el concepto de reputación tiene múltiples enfoques, desde su consideración como un activo intangible de las empresas a su equiparación con la imagen de marca. El punto en común en el que confluyen todas estas perspectivas es entender la reputación como una opinión, es decir, una idea en la mente de los demás. Por tanto, actuar sobre la reputación, para tratar de reconducirla, enfatizarla o mejorarla, implica influir sobre las personas para que modifiquen ese juicio de valor.

Pero la reputación no es una percepción ocasional, sino la suma de percepciones a lo largo del tiempo acerca de lo que una organización es -su función en la sociedad-, lo que hace -el producto o servicio que ofrece- y lo que dice -su comunicación-, puesta en relación con los valores sociales. Por su esencia, la reputación es una cuestión multidimensional y de largo plazo, por lo que tanto mantener como mejorar la reputación requiere un plan sostenido, para que adquiera la necesaria solidez.

Ello exige definir una estrategia racional, fundamentada en los valores que rigen y el valor que aporta una organización, en la que se tengan en cuenta claramente las fortalezas sobre las que se sustenta y los riesgos que ha de afrontar, y en la que se señalen con claridad y con realismo las acciones que debe poner en marcha para que su proyección pública se alinee con su planificación estratégica. De igual modo, esto demanda también una implementación coherente, consistente y coordinada, teniendo en cuenta las capacidades de la organización, las circunstancias sobre las que actúa y las expectativas que sobre ella se ciernen.

Por esta razón, cualquier estrategia reputacional debe ser también una herramienta dinámica, capaz de adaptarse a circunstancias y entornos cambiantes. Y ello implica no solo hacer frente a problemas de reputación puntuales, sino también a cambios generalizados en la percepción pública o crisis de amplio espectro como la que estamos atravesando. Empresas y sectores deben plantearse en estos momentos qué papel quieren ejercer en un momento que se plantea como una reconstrucción a todos los niveles, en el que se pretenden asentar nuevos pilares para el progreso económico y social, en buena parte relacionados con el bienestar, la seguridad, la sostenibilidad o la digitalización.

Es preciso trabajar en términos reputacionales y alinear todas las dimensiones del ser, el hacer y el decir de una empresa o un sector, para optimizar su proyección hacia la sociedad por el valor que representa, que aporta o que genera. Algunas de estas empresas o sectores pueden partir con mayores dificultades de origen, por los entornos en los que operan o por los activos que producen, pero en cualquier caso es posible actuar para mejorar la cohesión interna, con narrativas uniformes y unificadas, aumentar la claridad en la comunicación, con una mayor labor pedagógica, y enfatizar la capilaridad en esta tarea, tratando de llegar a todo el público mediante acciones innovadoras. Trabajar en la reputación exige, en definitiva, abordar una estrategia integrada, que implique a los principales actores, determine líneas de acción comunes y se coordine con el plan de negocio de cualquier empresa o las prioridades de futuro de cualquier sector.

Es el momento de plantearse estas prioridades y trabajar estas estrategias, no como una mejora adicional, sino como una necesidad básica. Porque si, como antes se ha dicho, las crisis pueden convertirse en oportunidades, los momentos de incertidumbre demandan asegurar, mantener y generar un valor capital como lo es la reputación.

 

Edelmira Barreira, Directora de Consultoría en Thinking Heads

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El deporte, la mejor escuela para la vida

29 abril 2020 |by Fundacom | Comentarios desactivados en El deporte, la mejor escuela para la vida | Conocimiento | , , ,

¿Alguna vez os habéis preguntado dónde habéis aprendido algunas de las lecciones que más os han resultado de ayuda vital en vuestras trayectorias personales y profesionales? Las lecciones y el aprendizaje son continuos a lo largo de la vida aunque, sin duda, unos mucho mas profundas que otras; un verdadero tesoro.

Cuando la gente me pregunta qué es lo mejor que me he llevado de mi carrera deportiva, el mejor recuerdo, la mejor vivencia, el momento más especial, si ganar los Juegos Olímpicos de Barcelona en el 92 o repetir la hazaña cuatro años más tarde en Atlanta, si valoro más el ser 5 veces campeona del mundo… la verdad es que a veces es difícil transmitirles que nada de lo anterior. El mejor bagaje es el aprendizaje que te llevas en forma de experiencias inigualables al que la gran mayoría de los seres humanos jamás tendrá acceso.

A una edad temprana es muy importante la información que vayamos a recibir ya que es cuándo somos más receptivos, aunque mucho más importante aún son las actividades y experiencias en las que podamos participar. Un hecho constatado es que el ser humano tiende a recordar entre un 10 y un 20% de lo que ve y lo que oye, nada comparable con el 90% de lo que se nos queda grabado tras involucrarnos activamente en algo que nos gusta y divierte. El deporte es la herramienta ideal para conseguir alcanzar nuestros objetivos de aprendizaje, muchos de ellos inalcanzables en otros ámbitos de la vida.

Qué difícil es aprender a marcarte un objetivo en la vida y diseñar el camino que te lleve hasta el.

Los deportistas lo hacemos cuando somos jóvenes, quizás nuestro sueño lo decidimos a una edad muy temprana y enseguida nos vemos envueltos en la responsabilidad que comporta la consecución de ese objetivo y que nos marca para siempre.

Evidentemente, llegar a tocar el cielo no solo no es fácil sino que está reservado para unos pocos. Todos los que lo hemos conseguido reconocemos que las mejores lecciones las hemos aprendido de nuestras derrotas, de los baches por los que hemos pasado, los reveses que hemos sufrido, los tropezones… lo único importante en estos momentos es interiorizar la lección y rebotar para ponerte de nuevo en pie más fuerte que antes.

A la hora de preparar una gran cita deportiva, la planificación es fundamental y para ellos se requiere una buena estrategia. Pongamos que en vuestras respectivas tareas profesionales tenéis que estar en rendimiento 110% en una fecha concreta dentro de 4 años. ¿Cómo os planificaríais a partir de hoy? Si a esto le sumamos que no solo tenemos que rendir al máximo en esa fecha concreta, sino que además mejor que las demás personas que hayan decidido hacer lo mismo que nosotros provenientes de todo el mundo, se pueden imaginar que la presión es máxima. Lo positivo, cuando uno se retira del deporte la estrategia es algo que se lleva en las venas.

Muchas veces hablamos de cuatro años de una preparación olímpica aunque yo no conozco a nadie que haya triunfado en esta cantidad de tiempo, se suele traer un bagaje anterior bastante pesado. Durante este tiempo se aprenden muchas cosas, una de las que más valoro es a ser `resiliente ́. Esto nos ayuda a tener capacidad de recuperación, de adaptación, ser resistentes, flexibles… en fin, de una manera sobrenatural a enfrentarnos a realidades no planificadas. En un deporte como la vela lo practicas a menudo; cada vez que cambia el viento tienes que readaptar las velas, por decirlo de alguna manera. Nada que después no vaya a pasar en la vida de la empresa, por ejemplo.

La humildad es otra gran lección que conviene practicar, sobre todo cuando se gana. Al fin y al cabo habrá otra persona al que esa derrota le esté doliendo. Nosotros ya hemos pasado por ello, lo hemos vivido en nuestras propias carnes. Por eso no puedo estar más de acuerdo con esa célebre cita de  ̈fuerte en la derrota, humilde en la victoria ̈

Hay muchísimas mas lecciones que te da el haber hecho tres preparaciones olímpicas. Dos de ellas para ir a los Juegos y subirme a lo más alto del cajón del podio pero sin olvidarme de los Juegos de Seul 88, a los que no fui por una serie de circunstancias polémicas, que me sirvieron como gran lección para llegar a ser la deportista que fui y la persona que soy.

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La atención en la era de la distracción

16 diciembre 2019 |by Fundacom | Comentarios desactivados en La atención en la era de la distracción | Conocimiento | ,

Hace poco me preguntaban en una entrevista sobre qué rasgo valoraba más en un profesional actualmente. Y mi respuesta fue rápida: la capacidad de Atención. Cada vez estoy más convencido de las palabras del profesor y divulgador Gregorio Luri, quien defiende que «el nuevo coeficiente intelectual es la Atención».

En un mundo donde los chequeos y las distracciones mandan sobre lo que estoy haciendo, donde trabajar en equipo es sinónimo de «te interrumpo cuando me viene bien», donde una notificación es más importante que la persona que tengo delante, y donde la multitarea se pondera como algo positivo, que una persona sepa centrarse en lo que está haciendo, cada vez cuenta más. Mucho más.

Porque la atención primero, y la concentración después, no solo atañe a estar aquí y ahora, totalmente consciente y presente, sino que es la manera de que yo aproveche al máximo el tiempo que tengo, y que haga las cosas de manera extraordinaria. Todo lo bueno que tienes y eres está ahí contigo, pero es la Atención quien, como si se tratara de un pegamento especial, lo compacta todo y lo concentra en un solo punto: una tarea, una persona, una reunión, una negociación, un rato de descanso, una charla con un familiar, la lectura de un libro, una puesta de sol…

Cuando hace ya más de quince años me acerqué por primera vez a la productividad personal, yo entonces era un «enfermo del tiempo». De esas personas que se quejaba de que no llegaban las horas del día. Y tenía Tiempo, sin duda, y de sobra, solo que no sabía gestionarlo. Años después, además de ese tipo de enfermo, que sigue habiendo, tenemos al enfermo de la Atención. Sus principales síntomas son: la incapacidad para estar en lo que está durante un cierto tiempo, chequear impulsivamente mensajes y buzones, parar constantemente lo que está haciendo ante cualquier notificación, e intentar hacer varias cosas a la vez en vez de centrarse en una sola tarea.

La capacidad de una persona (de un profesional) de estar aquí y ahora, centrado y «enchufado» a lo que hace se está perdiendo a marchas forzadas. Vivimos y trabajamos a tirones. Empiezo-paro-retomo-paro-reinicio-vuelvo a parar. Y así con una tarea y otra, un día y otro y otro. Por el camino quedan muchas cosas pero al final, la mayoría, lo reducen todo a la clásica y amarga queja de «no me llega el tiempo».

Y esa intermitencia a la que nos hemos sometido con las distracciones y la multitarea, tiene un precio cada vez mayor en el profesional y las empresas: el trabajo tiene menos calidad, se pone menos detalle, hay menos precisión y originalidad. Fíjate si no en tres de las consecuencias con las que vive el profesional distraído:

  • Las tareas de cada día se vuelven más complicadas, y a la vez se alargan más. Cada día la lista de tareas se hace mas cuesta arriba y más inabarcable, con lo que un día tras otro hay que dejar cosas para mañana porque «no me ha dado tiempo».
  • Mientras hace tareas donde en juego hay calidad o precisión, se le escapan detalles, puntos de mejora o ideas, e incluso llegar a cometer errores por la desatención casi constante. Eso le va volviendo, poco a poco, en un profesional mediocre y prescindible.
  • Trabaja además en estado de pre-alerta constante. Ya que si llega algún mensaje o notificación, sea lo que sea, tenga prioridad o no, salta instantáneamente a ello para atenderlo, dejando cada vez más cosas a medias que no le permiten avanzar en sus proyectos.

El problema por supuesto no es la Tecnología, que muchos tienden a demonizar al hablar de estas cosas. La culpa reside en nuestra grave falta de Hábitos para utilizarla bien. Las aplicaciones del móvil, la comunicación instantánea, la colaboración interactiva, el Correo mismo… todo ello es fantástico, pero con Hábitos. Sin reglas ni pautas de uso inteligente, no son más que armas de destrucción productiva.

Piensa por ejemplo en la última hora. ¿Cuántas veces has interrumpido una tarea o actividad que habías empezado por un correo, un mensaje o una notificación de cualquier app? Realmente, ¿quién manda sobre tu tiempo de trabajo? ¿Quién dicta lo que haces, lo que empiezas o si vas a poder terminar esto?

La gran mayoría de las personas responden que mandan las prioridades, los objetivos, los proyectos. «Lo importante», solemos decir. Esa es la teoría, porque en la vida real quienes mandan son las distracciones y las notificaciones. Fíjate qué paradoja: nunca en la Historia habíamos estado tan conectados, y nunca en la Historia habíamos estado tan desconectados… de lo que tenemos delante.

El nuevo coeficiente intelectual es la Atención. La Atención primero, y la Concentración después, es lo que hace que el resto de tus cosas funcionen. Todo lo que tienes y eres (estudios, conocimiento, experiencia, creatividad, análisis…), trabaja a pleno rendimiento y como un equipo cuando estás atento y concentrado. Y es algo que empieza a crear dos tipos de profesionales: los enfocados y los distraídos. Y esa distinción cada vez se agudizará más.

La capacidad de Atención es algo que se puede entrenar si tienes prioridades y quieres que sean prioritarias, si quieres tomar el control de tu trabajo, si quieres pilotar tu vida de forma diferente. Es una cuestión de hábitos personales.

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Autenticidad y comunicación: 9 competencias del líder auténtico

16 diciembre 2019 |by Fundacom | Comentarios desactivados en Autenticidad y comunicación: 9 competencias del líder auténtico | Conocimiento | ,

¿Cuál es la tendencia de comunicación que hace crecer a las personas y las organizaciones? La autenticidad es la mejor estrategia de comunicación. En un mundo “VUCA” – cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo, los líderes empresariales, políticos y sociales generan confianza mostrando un liderazgo auténtico.

La importancia que tiene el liderazgo para el desarrollo de las organizaciones y la sociedad es hoy mayor que nunca. Los líderes necesitan responder a los grandes retos y oportunidades a los que el mundo se enfrenta como el tsunami tecnológico o el cambio climático. Hace unos años, vivíamos en un entorno de estabilidad y era más fácil ser líder porque los cambios eran más lentos. Sin embargo, ahora estamos en el momento histórico de mayor disrupción. Asistimos a cambios sin precedentes que se suceden a gran velocidad y eso genera miedo y desasosiego. Pero, a la vez, vivimos una crisis de liderazgo. Estamos en el momento histórico donde la confianza en nuestros líderes es más baja. Según los datos del Edelman Barómetro de Confianza, sólo una tercera parte de la gente confía en los CEO de las empresas y en los líderes políticos. ¿Cómo podemos conseguir los líderes que nuestra sociedad necesita?

La autenticidad es el antídoto a esta crisis de confianza en el liderazgo. El líder directivo y transaccional basado en el poder formal está dando paso al líder auténtico y transformacional basado en el poder personal. El liderazgo ya no es una cuestión de títulos. Tal y como reporta el Huffington Post, los millenials quieren “mensajes auténticos, marcas auténticas y relaciones auténticas.” El líder efectivo del siglo XXI expresa su propia autenticidad generando confianza.

La gente confía en líderes que son fieles a sus propios principios, capaces de adaptarse al cambio, y comprometidos con los demás. El liderazgo auténtico es algo más que “Ser uno Mismo.” Es un proceso continuo de aprendizaje en el que cultivamos nuestra personalidad y nuestras experiencias vitales para motivar a los demás a conseguir un objetivo común para mejorar nuestra sociedad.

Para ser un líder auténtico, necesitas competencias en tres áreas: Heart, Habits y Harmony – lo que he llamado las tres H del liderazgo auténtico. La primera H, heart, se refiere al carácter. No es una cuestión de carisma, es más importante ser consistente entre lo que decimos y lo que hacemos.   La segunda H, habits, rompe el mito de la estabilidad. Ser auténtico requiere cambiar, crecer y desarrollar nuevos hábitos para mejorar e innovar, lo cual implica esfuerzo, práctica y estar abierto al feedback de los demás. La tercera H, harmony, se basa en la búsqueda de un propósito, algo que sólo podemos encontrar cuando tenemos un proyecto que va más allá de nosotros mismos.

Si quieres comunicar desde la autenticidad, ¿cuáles son las competencias que permiten poner en práctica estas tres H? Basado en más de 20 años de investigación y entrevistas personales, he identificado 9 competencias que los líderes auténticos ponen en práctica en su comunicación estratégica.

Heart se basa en tres competencias que hacen que tus seguidores te vean como un líder inspiracional, que aporta energía y vitalidad: la pasión, la humildad y el storytelling.

  1. Pasión: La pasión es el motor de nuestras vidas. Nos aporta ilusión para poner esfuerzo y nos ayuda a persistir ante las dificultades. Cuando comunicamos entusiasmo, nuestra felicidad es contagiosa creando un clima positivo que fomenta la creatividad.
  2. Humildad: Las personas humildes son mejores líderes. El líder narcisista que cree que lo sabe todo no es bueno gestionando el talento del equipo. Sin embargo, el líder humilde tiene una visión equilibrada de sus fortalezas y sus debilidades, es capaz de apoyarse en los demás y sabe compartir el éxito con su equipo.
  3. Storytelling: El líder auténtico comparte las principales lecciones que ha aprendido a lo largo de su vida. A través de su historia personal, el líder comunica sus valores en el trabajo y en la vida.

Habits se basa en tres competencias del líder coach relacionadas con el crecimiento y la innovación: la mentalidad de crecimiento, el feedback y la resiliencia.

  1. Mentalidad de crecimiento: El líder auténtico no se queda con una mentalidad fija de sus habilidades. Por el contrario, hace del aprendizaje continuo un hábito, mejorando cada día. Se trata de ser fiel a tu mejor versión.
  2. Feedback: Sólo cuando estamos abiertos a la opinión de los demás podemos mejorar y tener relaciones más positivas en la organización. La confianza es la moneda de cambio en la comunicación y el liderazgo.
  3. Resiliencia: La disrupción en la vida y en el trabajo es ineludible. Pero ante la adversidad, la gente con resiliencia comunica una actitud optimista. Aprenden de los errores y transforman las malas noticias en oportunidades saliendo fortalecidos.

Las tres competencias de Harmony son la ejemplaridad, la comunidad y el legado, propias de un líder inclusivo.

  1. Ejemplaridad: El mensaje más auténtico es aquel que nos llega desde el ejemplo. Cuando el líder dirige con el ejemplo, sus acciones hablan más alto que sus palabras.
  2. Comunidad: La comunicación está dirigida a construir una identidad colectiva de la organización para alinear los intereses individuales con las metas organizativas. El líder representa y expresa los valores comunes.
  3. Legado: El líder auténtico comunica un propósito social y una visión a largo plazo. El líder se preocupa por la sociedad que dejará a las generaciones futuras.

Estas son las 9 competencias del liderazgo auténtico. Si quieres conocer tu nivel de autenticidad puedes completar el test en mi página web: y recibirás gratis un informe con el benchmarking de tu liderazgo auténtico.

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Cuatro formas de influir más allá de tu puesto

22 agosto 2018 |by Fundacom | Comentarios desactivados en Cuatro formas de influir más allá de tu puesto | Conocimiento | ,

Lo que buscamos en nuestros líderes puede cambiar dependiendo de los ciclos  económicos. Descartamos ciertas características como debilidades en un período y valoramos esas mismas características como fortalezas en el siguiente ciclo. Es ilustrativo observar la evolución de la evaluación de líderes desde un proceso intuitivo e irracional a uno mucho más científico.

El año pasado las compañías Russell Reynolds Associates y Hogan Assessments examinaron datos psicométricos de más de 5 millones de líderes. Querían comprender mejor cómo se identifica a los ejecutivos que tienen el potencial de ser C-suite, o dicho de otro modo, de ascender a puestos de alta dirección y con la mayor probabilidad de éxito a largo plazo.

Los roles de C-suite son desafiantes y, a menudo, de alto perfil. Cometer un error puede ser costoso. Reducir el fracaso ejecutivo al encontrar líderes que están equipados para navegar por la incertidumbre minimiza un riesgo tremendo para una compañía.

Lo que encontraron al revisar los resultados fue sorprendente. Algunas de las características de personalidad que ayudan a los líderes a ascender a la C-suite pueden dar como resultado un desempeño positivo a corto plazo. Sin embargo, estas mismas características también pueden conducir al descarrilamiento de la carrera si no se saben manejar en el medio y largo plazo. Entre las competencias que más favorecían el éxito se detectaron cuatro áreas:

  1. Disruptivo y pragmático: una organización necesita líderes para alterar el status quo con la innovación, pero también deben ser pragmáticos sobre el enfoque, las prioridades y el ritmo de la innovación en su organización.
  1. Asunción de riesgos y renuentes: los buenos líderes toman riesgos calculados y son oportunistas, pero también queremos que muestren vigilancia para evitar desviar a una organización.
  1. Heroico y vulnerable: los líderes heroicos deben asegurarse de que la perseverancia y la determinación no se conviertan en autoengaño. Los líderes deben solicitar la opinión y el asesoramiento suficientes para realizar mejoras continuas para ellos y su organización.
  2. Galvanización y conexión: los líderes deben generar apoyo con energía e inspiración, pero también deben saber cuándo dar un paso atrás y compartir el crédito, promover el éxito de los demás y conectar la organización con valores más elevados y una misión.

Trabajar en estos rasgos de carácter o comportamiento puede ayudarnos a conseguir  un buen líder que se alinee con la cultura de la compañía. Pero, como apuntaba al principio, también hace falta una estrategia que consolide a ese líder en su sector y le convierta en un referente en su materia. De otro modo el potencial C-suite no dejará de ser un brillante gestor que podrá ser fácilmente sustituible por cualquier otro cuando llegue el caso. Y al igual que él lo será su empresa.

Líder en el entorno de las ideas

Por ello es importante trabajar en el posicionamiento del líder en el entorno de las ideas y de los valores para convertirlo en un referente, en un experto en su materia. Y para ello propongo que todo líder empiece por hacer un simple ejercicio, y es contestar a esta pregunta: “¿dónde quiero estar?”. Y también a esta otra cuestión clave: “¿quién soy?” Soy consciente de que es difícil despegarse de las inseguridades, de los miedos, de los egos y de las etiquetas (impuestas o autoimpuestas) para observarse a uno mismo con cierta imparcialidad y tomar decisiones sobre el presente y el futuro.

Para ello lo primero que hay que hacer es en encontrar el lugar que ya estás ocupando ya en el mundo. Dónde estás ahora tiene que ver con todos los movimientos que has ido haciendo hasta este momento; a dónde vas a ir depende de la dirección que tomes, y hasta dónde llegues tendrá que ver con el esfuerzo que hagas, aunque nunca hay que descontar una pequeña dosis de azar, es decir, de aquello que no depende de nuestro control. “En toda empresa hay que dar dos tercios a la razón y un tercio al azar”, decía Napoleón Bonaparte.

Te propongo que reflexiones en estas cuatro cuestiones:

  1. (Re)descubrir cuáles son los logros que ya has conseguido y las habilidades que ya tienes
  2. Determinar cuál es la imagen que proyectas (qué piensan los demás de ti).
  3. Identificar las áreas en las que puedes destacar como experto.
  4. Decidir cuáles son los temas en los que te sientes cómodo.

Entre “lo tuyo”, tu vocación, y el mundo hay puntos de encuentro: aquellas cosas que nos interesan a nosotros, pero que, de alguna manera, forman también parte de los intereses de un gran número de personas. Un experto se mueve en esa intersección entre lo íntimamente personal y lo colectivo. En palabras de Risto Mejide: “hay que encontrar de todas las cosas que nos gustan, las que también les gusten a los demás. Porque esas son las que nos permitirán vivir de ellos”.

Tienes que crearte el hábito de escucha y saber qué le interesa a las personas dentro del ámbito en el que te mueves. Internet es una fuente valiosísima de información pero no olvides que existe todo un mundo analógico donde conocer a tu público, desde conferencias y presentaciones de libros a las conversaciones informales en una terraza.

Encontrar en qué eres el mejor es el primer y más importante paso de todos. Una vez que te hayas descubierto profesionalmente deberás trazar una estrategia para llegar a aquellos públicos a los que puedas resultar interesante y organizar un plan de trabajo minucioso para llegar a él. En los siguientes post iré desgranando los procesos que te ayudarán en tu camino a convertirse en ese referente que te hará reconocido.

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Más allá de la marca personal: el posicionamiento personal

25 abril 2018 |by Fundacom | Comentarios desactivados en Más allá de la marca personal: el posicionamiento personal | Conocimiento | ,

«Nos centramos en definir la imagen que queremos que perciban de nosotros cuando lo importante es encontrar aquello en lo que podemos aportar algo de valor y lograr ser insustituibles»

Proliferan los vendedores de Marca Personal como vendedores del bálsamo de Fierabrás en tiempos de El Quijote. Sin embargo, la compra de la creación de una marca que te dé resplandor no es el remedio mágico a nuestros males. El concepto de Marca o Branding Personal, y todo lo que ello conlleva, está mal conceptualizado desde el origen, porque la marca debe ser la consecuencia de lo que uno es o vale profesionalmente, y no al revés. Por ello el primer paso antes de buscar qué colores son más bonitos para tu plataforma digital es identificar qué te hace útil, valioso y fiable. Y acto seguido ponerse a trabajar en una estrategia de posicionamiento personal de manera concienzuda.

Muchas personas no tienen tiempo o medios para realizar un análisis sobre cuál es el modelo de pensamiento que fundamenta su acción. Tampoco se paran a definir las líneas narrativas de lo que quieren transmitir con su proyecto. Y no dedican más de diez minutos a peinar las audiencias para buscar su público objetivo y comunicar más eficazmente. El resultado es que en vez de susurrar al oído de tu potencial cliente con un artículo o reflexión que le resulte sugerente, se bombardea a cañonazos a toda cabeza viviente que aflora en los perfiles de Twitter, Facebook o LinkedIn. Y se consigue exactamente el efecto contrario al buscado.

Si esto además se multiplica por un ejército de personas como tú, que están empeñadas en ser percibidas, el resultado es un canal de mensajes completamente colapsado del que todo el mundo quiere huir como de la peste. Por ello hay que invertir más tiempo en definir el contenido del mensaje y en la forma más apropiada de difundirlo que en darle al botón de “enviar”.

Estilo sobre sustancia

Cuando Tom Peters puso de moda el concepto Branding Personal en el artículo “The Brand called you”, ya señalaba esto: “En parte es una cuestión de sustancia: qué tienes que decir y lo bien que lo dices. Pero también es una cuestión de estilo”. Sin embargo, en la mayoría de los aspectos la marca personal se ha quedado en la segunda parte: una cuestión de imagen en la que el estilo prima sobre la sustancia. Quizá es un efecto perverso de la digitalización y las modas, pero no tiene por qué serlo.

Por definición, el desarrollo de una marca personal lleva implícito que lo que prima es la percepción que los demás tienen de ti. Es decir, tu imagen. Y esta imagen es, según mi experiencia, efímera porque se basa en algo exterior, ajeno a ti, que es la percepción de los demás. Y además, buscas que esas mismas personas que sólo conocen de ti una máscara te validen como persona.

Esta es la paradoja que se convierte en delirante a base de repetirse una y otra vez, tras cada intento fallido de conseguir el objetivo deseado. A continuación describo el pozo sin fondo en el que caen muchas personas que se lanzan a las redes sociales sin tener algo sólido que contar, tan solo un lema y un logo: “Como quiero tener más marca personal, me centro en mejorar mi imagen. Como necesito que me perciban, me meto en las redes sociales. Como en las redes sociales nadie escucha lo que digo, ya que a duras penas me he posicionado en un tema en el que tengo poco que aportar, me dedico como loco a seguir a gente esperando un follow back”. De esta forma empieza normalmente el proceso de trabajar tu marca personal sin un fondo que la sustente.

Precisamente en contra de todo este absurdo movimiento en pos de la imagen y del ruido yo promuevo un concepto más calmado, sosegado y completo de la marca personal que yo llamo el Posicionamiento Personal. Este posicionamiento surge de la respuesta a las preguntas “¿qué tengo yo que pueda aportar a los demás?”, “¿qué tengo yo que pueda aportar para que este mundo sea un sitio mejor?” “¿Por qué alguien debería dedicarme su tiempo y/o dinero?”

A quién puedo ayudar

Al final se trata de saber en qué puedes ayudar a los demás y cómo puedes ser aún mejor en aquello que tienes que aportar. El objetivo final por lo tanto es el otro, nunca uno mismo. La marca personal te vendrá atribuida por aquellos a quienes has ayudado con tu talento. Como en tantos otros casos, el posicionamiento personal se centra en el proceso y no en el resultado. Por eso no debes buscar la aprobación de los otros, sino la satisfacción personal, la autenticidad.

El tener un posicionamiento personal sostenido en el tiempo tiene consecuencias muy positivas para ti. En mis más de 15 años de experiencia en este campo en Thinking Heads, trabajar el posicionamiento personal de forma continuada ha tenido una doble consecuencia sobre la persona que lo practica: por un lado es un incremento de su notoriedad e influencia, y por otro lado ofrece la posibilidad de obtener una rentabilidad económica de ese conocimiento o elementos que te hacen único. Busca cuál es tu verdadera vocación, en qué eres realmente bueno, y dedícate a desarrollarlo. Lo demás llegará por sí solo.

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